martes, 23 de mayo de 2017

Y lo oculto será revelado...


Fue una sorpresa hallar, apenas alzada la vista, otro viejo episodio de la querida serie “Cuadernos Eudeba”, de ánimo pedagógico y brevedad notable. En esta oportunidad, el autor fue Serge Hutin, quién pese a mi corazonada no era ruso, aunque me recordaba las conspiraciones, ficticias o no, que cuenta Daniel Estulin. El título era una invitación a aproximarse hacia lo no develado.





La atracción por lo no revelado trasciende las generaciones humanas: la constante perpetuación del vacío en un universo de mecánicas incognoscibles y la aparente inquietud de la consciente perturbación del desconocimiento de un origen y realidad sujetos a un orden asequible perpetúa la ausencia de la ley de la existencia. La presunción del descubrimiento de una explicación a los desconocido, la conformación consecuente de maestros orientadores (portadores de capital simbólico) y de círculos de aprendientes han conformado los espacios de búsqueda del saber metafísico. Lo oculto aparente exige de la predisposición a la superación de lo racional, y en consecuencia, tornase favorable el encuentro del escenario místico en los límites de lo autorizado y lo permisible. Las sombras resultan ser a un mismo tiempo condición de libertad y ejecución de operatividad. 
En esta oportunidad, la Editorial Universitaria de Buenos Aires publica esta obra del ocultista francés Serge Hutin (1929-1997), donde recorre brevemente las características particulares de sociedades secretas desde la Antigüedad hasta la Historia Contemporánea. Doctor en Ciencias Religiosas y célebre autoridad en la historia de las religiones, con deslices hacia controvertidas afirmaciones sobre orígenes y experiencias de la especie humana, desarrolló con plenitud sus actividades en el Centro Nacional de Investigación de Francia, el instituto de Francia más prestigioso en la investigación.
De acuerdo al autor, es preciso entender desde el comienzo la diferencia entre “sociedades secretas políticas” y “sociedades secretas iniciáticas”.  La iniciación es la introducción en un mundo superior, en un estado psíquico más perfecto. Se trata de la transmutación hacia otro estado, donde se experimentan sentimientos que obran de los ritos “por una suerte de impregnación del subconsciente, al que dan un poder y una eficiencia reales”. J. Boucher, La symbolique maçonique]. Los ritos iniciáticos son esencialmente pruebas físicas y morales predeterminadas para obrar sobre el psiquismo del individuo. Los grandes Misterios contemplan un esquema donde el alma debe experimentar la muerte y el terror (escalofrío, sudores fríos, espanto) para finalmente ascender hacia la luz, donde es ofrecido el goce de los lugares puros y prados y las palabras sagradas que inspiran religioso respeto. Opera así una regeneración ficticia del ser, de preparación de las condiciones personales requeridas para alcanzar el “Conocimiento perfecto”. El iniciado encuentra al fin respuestas sistémicas a las preguntas por la creación del Universo y del hombre y sus relaciones mutuas.

De los egipcios a la edad de las cruces

En la Antigüedad podría hallarse en los egipcios a la religión esotérica por excelencia. Osiris, dios-hombre, al ser asesinado por su hermano Seth, encuentra la oportunidad para renacer. Grecia, en el culto a Dionisio, halla el eco prolongado de cultos agrarios que simbolizan la Primavera: danza con carácter sexual  muy acentuado, ebriedad colectiva, sacrificios sangrientos, prácticas mágicas diversas. De igual modo, los Misterios de Eleusis recuerdan la unión de Zeus y Deméter, con la finalidad de asegurar y promover la fecundidad de la Naturaleza. El Orfismo, en tanto, remonta el origen de los hombres a las cenizas de los titanes fulminados por Zeus, siendo de una naturaleza mala, y el Pitagorismo cultivaba especulaciones místicas. Las desavenencias con los formalismos de la religión romana facilitan asimismo la introducción de os cultos orientales (misterios), que encuentran abundante descripción en Plutarco y Apuleyo. Entre los cultos florecientes, se encuentran el de Mitra, de origen iranio, impregnado en vastos sectores de las legiones romanas. El incipiente desarrollo del cristianismo encuentra dos corrientes esotéricas. La Gnosis se fundamenta búsqueda del conocimiento profundo de la razón de ser de todas las cosas. Siendo comprendidas revelación y salvación a un mismo tiempo; el maniqueísmo, doctrina persa, se caracteriza por su radical dualismo entre los principios del bien y del mal y el riguroso ascetismo impuesto a  sus miembros “Elegidos”.

Los ritos de las sociedades iniciáticas contaban, además de un conjunto de prácticas reservadas, una traducción arquitectónica en que se establecen funciones del espacio y delimitación de accesos. 
La Edad Media presenta en Occidente el surgimiento de las corporaciones de maestros albañiles (masones) y la leyenda del Grial extraviado. Junto a los cátaros y su angustiante visión del Universo (“Reino de Satanás”), aparecen los esmerados alquimistas, la hermenéutica de la cabalística y la pretensión de satisfacciones mundana a través de la brujería. Hacia 1117 tiene aparición la célebre Orden del Temple, protectores de los peregrinos a Tierra Santa que hallan en el control de los caminos una fuente de poder y riqueza. Siendo destruida tras la condena de la Bula Papal de 1312, se desconocen con certeza ritos y doctrinas propias, aunque se  presume la transmisión de la herética musulmana de sus antagonistas, los asesinos, en la utilización de simbolismo gnóstico (Baphomet, toro de Mitra, cruz ansada egipcia). De acuerdo al autor, Dante Alighieri habría sido jefe de la Fide Santa, Orden Tercera de Filiación Templaria, siendo la Divina Comedia una descripción de rituales y explicación de simbolismos. El Islam habría tenido sectas de iniciación en las transmisiones de los grupos sufí, los belicosos hashishies o los místicos drusos, todas ellas derivaciones de la herética de los ismaelitas, secta fundada por el persa Abdalá en Siria.

La Masonería en tiempos de conjuras

La Modernidad ha sido el marco histórico de proliferación de teorías conspirativas sostenidas en la presunción de invisibles movimientos de grupos de poder en las sombras. En 1614 la Hermandad de la Rosacruces fundada en Alemania por el místico J.V. Andreae, siendo luego extendida a Inglaterra, Polonia, Italia y España. La orden se inspiraba en el presunto viaje de Christian Rosenkreutz, iniciado por los Sabios de Oriente en Siria. Renueva la búsqueda del conocimiento de la tradición de los saberes esotéricos (cabalística, hermetistas, alquimistas) dado que, en palabras atribuidas a Paracelso, “no hay nada oculto que no deba ser descubierto”.
El VITRIOL, uno de los símbolos más representativos de la práctica masónica. 

La creación gremial de los maestros constructores del Medioevo alcanza gradualmente cierto poder, siendo una asociación benéfica hacia perseguidos políticos y religiosos. En el siglo XVII es notoria su expansión en el Reino Unido, mientras que en el siglo XVIII Francia encuentra cantidades numerosas de adeptos que dificultan la instrucción de sus fines espirituales llevando la organización a un estado crítico. En la transmitida leyenda de Hiram, arquitecto del Templo de Salomón asesinado por tres compañeros celosos y luego resucitado, es revivido el relato de un dualismo entre potencias buenas y malas, la simbolización astronómica de Osiris (retiro del sol invernal) y la representación dela muerte como renovación en una metamorfosis sobre lo psíquico, mental y espiritual. La unidad creadora, el Gran Arquitecto, es la fuerza creadora que rige las manifestaciones de lo posible, siendo el hombre penetrado por un principio pensante que preside la construcción de su ser moral que lo conforma en un Dios en potencia, siéndole permitido desarrollar sus poderes en forma ilimitada. La Francmasonería, sociedad iniciática, ha sido interpretada como un centro de conjuraciones mundiales (“judía”, “imperialismo”, “bolchevismo”, “trust norteamericanos”, “partido radical”, “Satanás”).
 Hutin considera que el valor de la simbología es motivo determinante de la asimilación a “sociedad iniciática” o “sociedad política”. La “sociedad política” surge bajo la existencia de autoridades recelosas y conservadoras y admiten una subdivisión didáctica. Las “sociedades justicieras” sustituyen a la justicia legal cuando esta flaquea. Es el caso de la Santa Vehme, originada hacia mediados del siglo XVIII, cuando Federico I se vio imposibilitado de mantener el orden entre el Rin y el Weser. Llegando a contar con cien mil miembros, ejerció un temible poder cuya única pena prevista era la horca.
El potencial de la organización secreta también ha encontrado propósitos menos generosos que el autoconocimiento o el cambio social. Es el caso de las “sociedades criminales”, desde las cuadrillas extorsivas paraestatales sicilianas que signaron el origen de la Maffia hasta la paranoia supremacista que definió las acciones del Ku Klux Klan.
Las sociedades secretas se explican desde las condiciones de la historia, la presencia religiosa, la sociología de la organización y las psicologías individuales que inscriben al fenómeno, vigente en la promesa de desentrañar el secreto.

HUTIN, SERGE. (1952) Las sociedades secretas (tit. orig.: Les sociétes secrétes), Eudeba, Buenos Aires, 1965, traducción de Ricardo Anaya.
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