martes, 19 de abril de 2016

Revisiones sobre la patria colonial

IRAZUSTA, JULIO.  (1963) Influencia económica británica en el Río de la Plata, Eudeba, Buenos Aires, 1978.

U
N juicio crítico acerca de la construcción y elaboración  de la nacionalidad exige el conocimiento de la estructura social nacional, el reconocimiento de las proyecciones ideológicas de las elites y  la descripción precisa de las relaciones económicas internacionales.


       Ha resultado previsible que, en contextos de volatilidad económica e inestabilidad política, las élites de la periferia opten por una cómoda subalternidad o una estrategia silenciosa de posicionamiento y el rechazo a la afirmación nítida de la política exterior. Las sentencias de la alta diplomacia resultan, en consecuencia, contraproducentes y ruidosas. Aún a riesgo de una perdida de visibilización identitaria, adquiere nuevo valor la sensatez de un patriótico sentido común y un sutil entendimiento de las alineaciones políticas (y económicas) del sistema internacional. En tal sentido, por sus sagaces análisis de las relaciones de dependencia, el texto de Irazusta se encuentra en una misma línea con las denuncias de Raúl Sacalabrini Ortiz, la propuesta nacional de Hernández Arregui o la geopolítica revolucionaria del primer Norberto Ceresole.

Sobre el autor

El legado intelectual de Julio Irazusta admite controversias. Nacido en 1899 en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, a los 23 años era un joven abogado liberal y adherente crítico de la Unión Cívica Radical. Será en su estadía europea (1923-27) cuando Irazusta asumirá plenamente su adhesión al nacionalismo integrista, atraído por la Action Française de Charles Maurras y el fascismo. A su regreso, asumirá posición sobre la realidad nacional desde un catolicismo intransigente en la revista Criterio. Acompaña esta aventura refundacional su hermano mayor Rodolfo, quien desarrolla un periodismo doctrinario en el periódico La Nueva República -junto a otros cruzados como Ernesto Palacio y Alberto Ezcurra Medrano- y participa de la creación de la non sancta Liga Republicana, fuerza de choque fascistoide y anticomunista.  Las motivaciones políticas de los Irazusta, familia terrateniente del Litoral, era descubrir como la burguesía rural había cedido  la autoridad de gobernar el país a liberales irresolutos, pusilánimes frente a los intereses de las potencias extranjeras y apátridas en una hipotética tradición  a los valores insignia de la argentinidad; opera aquí la nostalgia por un “hombre fuerte”  que posibilite la recta recuperación del destino nacional, cuyo modelo histórico será Juan Manuel de Rosas. Más tarde, y desde un posicionamiento menos religioso, pregonará desde la revista Acción Republicana la nacionalización, modernización económica y la preparación militar del ciudadano desde el sistema educativo. Tras el fracaso militar del proyecto de Uriburu, se involucrará en el partido Unión Republicana, expectante pero finalmente decepcionado del populismo nacionalista del peronismo, para morir silenciosamente en su ciudad natal en 1982.

       Pues bien, ¿puede juzgarse la parte por el todo? Cabe recordar que liberales, socialistas, comunistas y radicales hacían causa común en defensa de las democracias liberales europeas, países cuyos Estados ya habían alcanzado el desarrollo industrial, mientras que el rústico sistema fascista prometía un atajo hacia el progreso. En consecuencia, la adhesión al demoliberalismo europeo constituía una conservación del status quo y un apoyo indirecto las potencias occidentales y a la vinculación neocolonial del país, mientras que el apoyo al nacionalismo integrista pregonaba un balance de poder que reestructure al sistema político internacional. El origen político de gran parte de la juventud izquierdista de los años setenta posiblemente acredite que el análisis crítico y voluntarista de la realidad nacional, y la indignación hacia la aceptación de distinta formas de dominación extranjera, podía trasladarse a visiones políticas contrapuestas. (*) Es  así que escritos de aventureros filonazis como Jaime de Mahieu, con su abstracta descripción sobre el rol organizador del Estado, podrían asimilarse a fundamentaciones hegelianas en cualquier sentido partidario. 

Inglaterra y la condición colonial argentina

       Irazusta remonta a Mariano Moreno, con su escrito “Representación de los hacendados”, la promoción de un librecambismo imprudente, favorable a la influencia británica. Si el Secretario de la Junta advierte la conveniencia de la relación con Inglaterra, sobreestimando el honor británico, con la fundación en 1811 de un club de ingleses residentes en Buenos Aires, se unirán en gremio y se distribuirán sectores comerciales bajo los beneficios de las importaciones de los arcos ingleses que arriban al puerto de Buenos Aires. En 1813 la reacción local se manifestará en el Consulado, donde Juan José Cristóbal de Anchorena polemizará con elocuencia contra los partidarios del libre comercio. Rememora el poderío económico de las finanzas británicas al interior de las Provincias Unidas, capaz de doblegar la voluntad de Dorrego y forzarlo, tras numerosos triunfos bélicos, a la cesión del Uruguay en la Guerra del Brasil. Es precisamente la negligencia en la políticas de desarrollo económico (“falto entre los emancipadores el equivalente del  genio económico-financiero de Hamilton”) un señalamiento certero, que refiere a una omisión insoslayable: el establecimiento de alianzas internacionales (y de qué tipo), la formación de intereses precedentes y el enfoque estratégico que viabilice la concreción de metas, asuntos, todos ellos banalizados o ausentados por los actuales formadores de opinión.
       En su conclusión (Cap. VII: “Del noventa hasta nuestros días”) Irazusta formula una descripción de la Argentina que linda entre el desengaño y la arenga. Entiende los frutos que el país ha recogido de la influencia británica en la economía nacional, pero habiendo constituido un Estado en el Estado el contexto posibilita una oportunidad ante el crecimiento del discurso nacionalista y la decadencia británica. La crisis mundial y las revoluciones habrían marcado un nuevo campo de cultivo para la influencia Británica, debido especialmente a la ausencia de una respuesta creativa de la clase dirigente: el retorno al mercado tradicional por medio del tratado Roca-Runcimann, cuyas humillantes condiciones perjudicaron a la ganadería local y depreciaron la moneda nacional: la influencia británica alcanzará así una expresión nítida de influencia cuando el peos se ve arruinado pagando las exportaciones a Inglaterra y bloqueando saldos en libras disponibles por el gobierno argentino en New York, situación que no se había podido revertir pese a los reclamos desde 1945. Inglaterra lograba hacerse  entonces el 40 por ciento de las exportaciones argentinas en intercambio de tecnología precaria (buques desafectados, materiales de ensayo) con precios ruinosos, progresivamente más bajos tras los gastos posteriores al embarque.
       La condición periférica, en efecto, no debería resultar una renuncia la historicidad de un posicionamiento finalista ni la eliminación de la vigencia de desafíos postergados. Siendo inadmisible la dislocación de una gravitación política internacional, la conducción nacional debe viabilizar un discurrir nítido sobre una visión argentina hacia el mundo contemporáneo. La revisión de las teorías de la dependencia resulta una ejercitación imprescindible de los decisores de Estado, en la persistencia de un esfuerzo intelectual hacia la reconstitución nacional y un orden social justo.
       En el escrito en cuestión no se hace mención alguna de un problema cultural, explicación histórica frecuente en la línea de Carlos Ibarguren. Aquí los argumentos nacionalistas son laicos, y lucidos: pueden ser formulados por cualquier sector político, y retomarse como antecedente a la crítica desarrollista de los sesenta o el análisis estructural marxista.  Se considera que desde el origen e inicios del nuevo Estado, la conformación de las estructuras gubernamentales y la definición de un modelo productivo y acceso a financiamiento suele requerir de acuerdos con potencias que, apresurados, son más tarde denunciados por espurios. El análisis de las relaciones subalternas de la República Argentina respecto del Reino Unido de la Gran Bretaña ha sido objeto de estudio de la literatura nacionalista argentina desde inicios del siglo XX, iniciando el debate de la influencia de las relaciones económicas en un país que encuentra limitado su condición de soberano. Esta revisión de la dominación económica -y en consecuencia, política- establece un análisis que merece reformulaciones, pero perpetuidad por audacia metodológica y celo patriótico.


(*) Para una visión más completa de estos virajes políticos juveniles, recomendamos el excelente Tacuara. Historia de la primea guerrilla urbana, de Daniel Gutman, donde se abordan formas, referencias y mutaciones de la participación política juvenil desde  la década del ’30 hasta finales de los ’80.


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