domingo, 21 de diciembre de 2014

Un sujeto latinoamericano para la ruptura antineoliberal. Reseña de (1996) América latina. De la globalización a la revolución, de James Petras

PETRAS, JAMES. (1996) América latina. De la globalización a la revolución, Homo Sapiens Ediciones, serie “Paradigmas y debates” dirigida por Alberto J. Pla, Rosario, 1996, traducción de Arturo Firpo (traducción de Imperialism an Ong en América Latina) por Stephen Hasam, ISBN 950-808-259-3.

E
L capital trasnacional ha definido una estrategia de reducción de costos a nivel global. Los Estados, dominados por las élites tecnocráticas neoliberales, aceptan la lógica de dominación interpretando la necesidad de una reducción del valor de los costos de producción para posibilitar el crecimiento de la economía y encauzar el cumplimiento del asedio permanente de las instituciones financieras internacionales (IFI) a través de la deuda externa.  En este cuadro de situación, la reducción del gasto público, la aceptación estatal de los despidos y las privatizaciones de los recursos estratégicos generan un nuevo relacionamiento entre Estado y sociedad civil. América Latina se haya obligada a encontrar una respuesta  a la creciente desintegración social. La pregunta implícita, el qué hacer, atraviesa el razonamiento de los grupos conscientes de la acción disciplinadora y vulnerabilizante del Estado, induciendo a la necesidad de una defensa clasista frente al deterioro permanente de las condiciones de existencia.
James Petras, analista político de fuste, activista e investigador de las respuestas antineoliberales de los pueblos, realiza un diagnóstico sobre el presente del neoliberalismo en 1996.
La imposición de las nuevas reglas de reordenamiento social implican un “nuevo autoritarismo”, en que las decisiones gubernamentales contradicen las promesas electorales llevadas adelante por las administraciones socialdemócratas y populistas, que asumen el compromiso de las austeridad neoliberal y el ajuste estructural. La desilusión ciudadana y la oposición a las políticas de daño social, en consecuencia, otorgan a los gobiernos elegidos una situación de pseudolegitimidad.
Siendo desestimada la capacidad política de la izquierda partidaria para inducir a los cambios, la visión de la obra enfoca la potencialidad del movimiento colectivo organizado, la “izquierda social”. Con probada organización, movilización y sumatoria de adeptos, estas fuerzas cargan particularidades latinoamericanas que definen un perfil socialista con rasgos ideológicos pre-hispánicos, donde los valores ancestrales son exaltados siendo definida una búsqueda de solidaridad, cooperación y complementariedad entre los sectores vulnerados. Al conflicto de clases es sumada una afirmación de la identidad étnica, siendo asumido el discurso de “nación”. Esta lucha tendría exponentes claros en el movimiento indígena y cocalero de Bolivia y la demanda autonomista del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en México. Petras considera asimismo que estos actores sociales no deberían despreciar una estrategia de toma del Estado, preparación electoral que sería fundamental de mantenerse una voluntad real de distribución de los recursos entre la producción y el consumo de forma distinta a la establecida bajo la política neoliberal de las IFI sobre los Estados.
La tarea a emprender es asidua: eliminar la cultura del miedo instalado, juzgar los abusos de los agentes del Estado y minimizar la manipulación política mediática. Estos avances requieren del aumento del control de los medios de producción, identificar las características de la explotación de clase, rechazar ideologías de homogenización social y fortalecer la unidad en la perspectiva de la lucha a dar.
A juzgar por el contenido del texto, las observaciones de Petras son premonitorias de reformulaciones en la dirección de los Estados durante la próxima década.  El ascenso de Evo Morales en Bolivia como presidente de la Nación (2005) y la creación de la Constitución del Estado Plurinacional (2009) imprimen la consolidación de la agenda indígena en América Latina y otorgan al movimiento campesino y pueblos originarios el lugar de sujetos políticos del proceso en curso. Distinta, por el contrario, ha sido la trayectoria del EZLN, replegado al autogobierno de los caracoles frente al estallido popular ante la náusea del régimen narcopolítico, quizás una estrategia para una multiplicación del movimiento organizado y la formación de nuevas identidades que confluyan a futuro para fortalecer la resistencia al capitalismo terrorista mexicano.
Con 18 años transcurridos, al momento de realizarse  esta reseña el libro de Petras rememora las instancias de las luchas populares antineoliberales y recuerda que, pese al entusiasmo retórico de programas y producciones ideológicas, el actor principal de la resistencia a la degradación ambiental y comunitarias ha sido la respuesta del pueblo organizado.
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