lunes, 25 de agosto de 2014

El recorrido hacia el Brasil posible. Reseña de (1964) Evolución social y económica del Brasil, de Nelson Werneck Sodré

WERNECK SODRÉ, NELSON. (1964) Evolución social y económica del Brasil, Eudeba, Buenos Aires, 1965, traducción de Alicia Cabrera.

Es  una certeza de que, tras el declive del liderazgo mundial estadounidense, el emergente bloque de los BRICS y cada uno de sus miembros comenzarán a ser estudiados de forma minuciosa y sistemática. Dentro de panorama semejante, nuestra región se verá honrada por la proliferación de estudios latinoamericanos y brasileños dando cuenta de la potencialidad y creciente relevancia del sur del hemisferio. Este es el motivo que nos lleva a reseñar hoy Evolución social y económica del Brasil, de Nelson Werneck Sodré.
El autor nació en Río de Janeiro, cursó sus estudios en el Colegio Militar y en la Escuela Militar de dicha ciudad. Fue Profesor de Historia Militar en la Escuela del Estado Mayor del Ejército y fundador y director del Departamento de Estudios Históricos de Instituto Superior de Estudios Brasileños (ISEB). Su obra expresa una profunda preocupación por el desarrollo del Brasil y los obstáculos del imperialismo.
Se recorre de este modo en seis etapas las transformaciones de la estructura socio-económica del Brasil, para finalmente abordar las exigencias de la coyuntura nacional.
Un modelo productivo para el Brasil colonial
La implementación de un modelo productivo para el Brasil es descripta en “La colonización”, donde se narra los comienzos de la historia del Brasil con la colonización portuguesa de 1497, cuando la caída del imperio otomano insta a Portugal a enviar a Vasco da Gama para recibir especies de las zonas productoras, conservar el monopolio de su distribución y establecer plantaciones de caña, sin ser ya un revendedor de la azúcar que Venecia importa desde Siria y Chipre. Esta será la época en que, pese al traslado del esquema feudal a territorios americanos, se acentúa progresivamente la especialización del trabajo, surgiendo el capital comercial y se introduce el sistema de plantage, con requisitos de insumos desde el exterior; estos cambios, sin embargo, no alteran el consumo improductivo o la ausencia de transformaciones manufactureras.
Seguidamente (“La expansión”), en la economía colonial surgen los primeros rasgos de las formas capitalistas. Los enfrentamientos con los ocupantes holandeses por la ocupación de suelos deriva en la acción de los bandeirantes paulistas, quienes se arrojan sobre reducciones y misiones jesuíticas para apoderarse de millares de indígenas. Los paulistas, siempre en disponibilidad guerrera, proveerán la fuerza de trabajo  en zonas agrícolas necesitadas contribuyendo a la apropiación de tierras. La producción recorre diversos modelos: el de pastoreo y agricultura, el de repartición de ingenios y corrales y, finalmente, la separación entre actividad agrícola y pastoreo, que termina pro acabar en elsertao. Seguidamente, la apropiación de la tierra se expande extraordinariamente y se generalizan las relaciones feudales. La ocupación de la región amazónica es proyectada dando apoyo a las misiones jesuíticas, finalmente expulsadas por su apoyo al indígena.
El gran cambio en la sociedad colonial se producirá con el surgimiento de la minería, dos siglos más tarde que las explotaciones españolas. El reducido margen de realización individual en la empresa azucarera determina la desvalorización de la tierra; la alta rentabilidad de la explotación aurífera provoca un nuevo impulso del tráfico negrero. La minería proporciona entonces a la colonia desarrollo demográfico, población, ocupación de regiones, creación de redes administrativas  y circulación terrestre.
Estos cambios producen una disociación de intereses entre la clase dominante de la Colonia y su par en la metrópoli, las cuales con intereses antagónicos se disputan los beneficios de la explotación minera y dan lugar a distintas conspiraciones. Si la minería española es contemporánea de la aparición del capital comercial, la colonial lo será del nacimiento del capitalismo, beneficiando a los que dominan la producción. Así, impulsa en el occidente europeo la difusión del trabajo asalariado, contribuye a la acumulación y proporciona una fortuna en dinero que circula con velocidad y da formación a fondos de reserva.
Esta puja de intereses da lugar a una explicación especial (“La independencia”). La crisis del sistema se traduce en una seguidilla de conflictos; así, la Guerra de Emboabas, laGuerra dos mascates, la rebelión de Beckman, la sublevación de Felipe dos Santos o laInconfidencia bahiana son algunos episodios significativos de las diferencias entre la clase dominante colonial y la corte portuguesa. Para entonces, la explotación minera ya ha facilitado la conversión de producción y mano de obra en mercancías, acompañando un espíritu de época acarcet5ruzdo por la expansión industrial inglesa y la promoción ideológica de un comercio y trabajo libres. Mientras tanto, se encuentra en el café el producto agrícola para la inserción en los mercados y el sostenimiento financiero, decreciendo todas las otras exportaciones. Con el agravamiento de las contradicciones, Pernambuco (1817, 1824 y 1848), grao pará (1834-1837), Bahía (1837), Maranhao (1838), San Pablo y Minas Gerais (1842) y Río Grande do Sul (1835-1845) se transforman en escenarios de rebeliones provinciales. Junto con la decisión política a tales fines, el café crea riqueza, impone el dominio de la clase señorial –extendiendo su autoridad en todo el territorio- y se ven integradas al centro las zonas periféricas.
Durante “El Imperio”, Brasil logra que Estados Unidos alcance una posición dominante en el mercado consumidor del café. El régimen de esclavitud comienza su descomposición, que se hace evidente en 1870; así, la esclavitud se convierte en trabajo libre o servidumbre, mutaciones que se trasladan de zona a zona (desde 1850, la ley de Euzebio de Queiroz condenaban la entrada de esclavos).  La transformación del esclavo africano origina en consecuencia una serie de preconceptos injuriosos: indolencia, lujuria, gusto por el ocio y desprecio por el trabajo que dan fundamento a la búsqueda de inmigración blanca, que desde 1870 asciende a un ingreso de 13.000 personas por año. El mercado laboral se completará con los liberados por la Ley de Vientres (1871).
En la clase dominante se agudizan las contradicciones: la ascendiente, ligada a la exportación del café y el cuero, y la decadente, aferrada al trabajo esclavo y la servidumbre para la subsistencia. Mientras la clase media se incorpora a la burocracia estatal, profesiones urbanas y pequeña producción y se perfila para instalarse en el escenario político.
El tránsito de la república oligárquica a la modernización nacional
Pronto Brasil alcanzará poco menos de 15 millones de habitantes (“La república”), asediada por un espiral inflacionista desde la supresión del trabajo esclavo y la caída del precio del principal producto de exportación desde 1896. Para entonces, ya había desaparecido el poder moderador, el carácter vitalicio del Senado, al elección basada en la renta, la nobleza de títulos, de los gobernadores provinciales nombrados y de la centralización, transformaciones políticas todas ellas que señalan una nueva estructura. La situación política se torna más compleja, ya que de conformar a los 200.000 electores del Imperio se traslada ahora a los desafíos de la ampliación de la base electoral con el sufragio universal, del que son excluidos los analfabetos.
 La clase señorial establece aquí una alianza con el imperialismo a través de la política del café y la adquisición de préstamos externos, al tiempo que fija la política dos gobernadores, siendo entregado a cada estado a la libertad de acción de las oligarquías locales, dando constitución aun poder autónomo con fuerzas militares propias. Este modelo, en su precariedad, auspicia el bandidaje y la deflación.
Las exigencias de modernización del Brasil aparecerán con claridad tras la Primera Guerra Mundial. Brasil cuenta entonces con una población de 30 millones de habitantes, y la producción del café ha permitido para entonces la ampliación del mercado interno y un flujo financiero que ha favorecido la ampliación del proceso industrial. En estas condiciones, aparece el fenómeno del tenentismo: oficiales jóvenes irrumpen en la primera mitad de la década del 20´, siendo un fenómeno político característico de la clase media. Pretenden encarnar reivindicaciones modestas: verdad electoral, acatamiento de la voluntad, moralización de la justicia y de la administración. La revolución de 1930 encuentra a una clase dominante escindida, viéndose debilitada la fracción ligada al café, con precios internacionales en descenso de hasta un 70 por ciento.
Con una economía brasileña en crisis de graves proporciones, la reducción de las importaciones es compensada con la oferta interna y la producción industrial aumenta casi un 5º por ciento. La recuperación económica s e explica en la capitalización nacional y el estímulo de las fuerzas productivas. Pese a la prosperidad de la etapa, la heterogeneidad en la composición de fueras del varguismo comenzará a exponer desencuentros de tendencias, siendo derrocado en 1945 por la facción oligárquica pro-imperialista.
Tras el intento de Dutra de retornar al viejo estado de cosas, Vargas vuelve al poder en 1951 formulando políticas estratégicas como la Compañía Siderúrgica Nacional y el monopolio estatal de la explotación petrolífera. Solitario y vacilante, la pérdida de apoyo político y el conocimiento de la conspiración desde el interior de su gobierno, decide el 24 de agosto su suicidio y deja su último mensaje en la Carta Testamento, produciendo una instantánea repulsa popular contra la facción oligárquica.  Getulio Vargas imprime así un momento bisagra en el nacionalismo reformista brasileño.
El último apartado de la obra (“La Revolución”) revisa el problema estructural en el contexto. Las anomalías existentes son tales que la producción destinada a la exportación es excesiva mientras que la que corresponde al mercado interno es deficiente. El problema del latifundio se vincula en consecuencia a una subproducción que deriva en subconsumo, debiendo la probación pagar más caro lo que necesita para su subsistencia.  Mientras tanto, la opción de la clase dominante por la concentración de la tierra es acompañada de inversiones y empréstitos, de concentración de la producción y del capital, provocando deformaciones en la economía y el perjuicio de la renta que fuga al exterior. Es así que se vuelven nítidas las contradicciones entre la nación brasileña y el imperialismo y sus aliados locales. Así, caería por evidente la falacia de que “la grande lavoura subsidia la economía brasileña”; es el propio Brasil el que, obstaculizada la reforma del modelo agrícola, se ve obligado a la financiación del atraso.
 La renovación de la política exterior de Janio Quadros o la vigencia del régimen democrático durante el gobierno de Joao Goulart no tendría otra explicación más que la relación de fuerzas favorable al sector modernizante y mayoritario frente al minoritario pero poderoso sector oligárquico pro imperialista. Es en el desarrollo de esta lucha por la exigencia del poder político que Nelson Werneck Sodré imagina la proximidad de la Revolución Brasileña.

La visión de Werneck Sodré es clara: Brasil no podrá jamás ejecutar una política auténticamente soberana sin una conducción política popularmente legitimada y tenazmente decidida a desafiar los esquemas económico-productivos que constituyen una explicación a la permanente subalternidad del país.
La experiencia, entonces reciente, del varguismo  se destaca no sólo por las esperanzas de transformación generadas y el valioso aporte al empoderamiento del Estado, sino también por las complejidades propias del entrelazamiento de alianzas de todo gobierno populista. No obstante la expansión del mercado, interno, la modernización política –cuestionamiento del orden oligárquico- y tecnológico –implementación de un modelo de sustitución de importaciones, estatización del acero y yacimientos petrolíferos-, el gobierno de Vargas  habría puesto en evidencia las limitaciones del reformismo burgués para dar realización a reformas estructurales.
La obra plantea conflictos en el tránsito al desarrollo que, si bien pertenecen al caso brasileño, pueden extenderse al resto de los países latinoamericanos y goza de gran actualidad: la última década (2005-2015) se ha caracterizado por el incremento de inversiones chinas y rusas en la región, dejando interrogantes sobre el carácter de la respuesta estadounidense tras la pérdida de influencia. Por lo pronto, la presencia de estas potencias posibilita pensar que rumbos finales pueden tener estas relaciones., esto es, si el predominio de la dominación o de nuevas formas de cooperación.  Al respecto, la relación competitividad económica-poderío financiero no resulta favorable a las visiones de desarrollo americanas, signadas por el apetito de consumo y el goce de los derechos individuales.

Una exposición acabada del período descripto por Werneck Sodré probablemente requeriría de explicaciones más complejas y precisas, incompatibles con la brevedad de este ensayo. Pero, por el contrario, es una introducción valiosa a la historia del Brasil bajo el anhelo de una Revolución Brasileña ante la retracción del reformismo populista.
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