lunes, 17 de febrero de 2014

El capitalismo tiene sus propias leyes. Reseña de "Miseria de la Filosofía" (1847), de Karl Marx

  
MARX, KARL. (1847) Miseria de la filosofía,  Gradifco,  Caseros, 2010, ISBN 978-987-571-027-6, traducción de Alicia Varela.
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edactada en francés durante el invierno de 1846-1847 y publicada en París en 1847, Miseria de la Filosofía constituye una crítica vehemente a Sistema de las contradicciones económicas o Miseria de la Filosofía de Pierre Proudhon, a modo de oportunidad de exposición de ideas personales en una diferenciación clara con los ideales filantrópicos del reformismo pequeño burgués, síntesis de un pensamiento originado en la sociedades modernas a fuerza constatar la violencia ejercida sobre los cuerpos en las relaciones sociales de producción vigentes, sostenidas por la dominación burguesa legitimada por el Estado en el auge del capitalismo.
En el “Capitulo I. Un descubrimiento científico”, Marx ahonda en la construcción de los valores. Así, en la “Oposición del valor de utilidad y valor de cambio”, contrasta la teoría de la división del trabajo en Proudhon, que señala su origen en la imposibilidad de un individuo en satisfacer múltiples necesidades; contrastando esta visión, señala el olvido del valor de cambio y su relación con la demanda y cantidad de los productos. Marx, citando a Sismondi y Lauderdale para exponer la relación entre precio y demanda frente a la suposición de una relación entre valor útil y valor cambiable, señala en Proudhon una minimización del funcionamiento del intercambio a “formas rituales”.
En “II. El valor constituido o el valor sintético”, ataca las teorías de valor en Proudhon, desestimando la idea de una cantidad de tiempo de trabajo utilizado en el producto, sosteniendo la pérdida de influencia de la ley de oferta y demanda al tiempo que la injusticia de los intercambios provocada por la generación de plusvalor provocaría un sistema de desigualdades.
Seguidamente, en “III. Aplicación de la ley de las proporciones de valor”, Marx continúa la discusión refiriéndose al valor de la moneda y del excedente del trabajo. Sobre la moneda, Marx cuestiona la importancia primitiva atribuida por Proudhon a la valoración del oro, cuyo valor no se estimaría por sus costos de producción ni por una relación de cantidad sino por servir de agente  universal de intercambio. En cuanto al excedente del trabajo, Proudhon considera que la utilización de tecnología y la producción permanente favorecerían a los trabajadores en un proceso de prosperidad permanente, en tanto que los obreros en situación industrial inferior se verían perjudicados. Marx quita fundamentos al optimismo proudhoniano, aduciendo que la prosperidad de unas clases frente al deterioro de otros sería una consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas, propia de relaciones entre clases y no de individuos.
Marx defiende la opción revolucionaria y desestima la teoría reformista de Proudhon.
En el Capitulo III. Metafísica de la política, Marx desarrolla una crítica a siete principios de la interpretación del funcionamiento de la economía en Proudhon; de este modo Marx ataca la abstracción de las categorías económicas, desvinculadas de un origen histórico y contempladas como producto de la razón pura (primera observación); a la exploración de las categorías económicas a través de la dialéctica hegeliana que explicaría procesos y categorías como productos del pensamiento y no de relaciones de producción (segunda observación); a la falta Proudhon de categorías que expliquen en por la dialéctica de las relaciones económicas en las fases sociales (tercera observación); a la idea de análisis sobre la conveniencia de las categorías económicas, en contradicción con la gravitación de las definiciones que el movimiento dialéctico define por sí mima (cuarta observación); la caracterización de la dialéctica como movimiento de una “moral completamente pura” y no un movimiento de la razón absoluta (quinta observación); la falsedad de la eternidad de los conceptos. Si Proudhon considera  que la igualdad es la hipótesis superior derivada  de una serie de hipótesis particulares previas, con éxitos y fracasos en la búsqueda, Marx considerará que las transformaciones económicas de la Modernidad en la propiedad rústica han expulsado en forma creciente al campesinado, al tiempo que admite la idea de igualdad como una tendencia propia del siglo XIX. De este modo, Marx cuestiona la pretendida síntesis de Proudhon señalando que no se trataría específicamente de desarrollar una ingeniaría social  resultante de la crítica a la economía y las buenas intenciones, lo que constituiría una cientificidad precaria, sino considerar las relaciones de producción existentes como determinantes de la situación social.
Seguidamente, en “II. La división del trabajo y las máquinas”, vuelve a desestimar las abstracciones de Proudhon y sus posicionamientos reformistas, que implicarían un desconocimiento sobre el proceso vigente, que paradójicamente engendra una división del trabajo en los talleres y una ignorancia del oficio. En “III. La competencia y el monopolio”, Marx continua el sentido de su crítica, y al referirse a la idea de monopolio y competencia como conceptos antagónicos, el autor aduce las derivaciones de uno en el otro, dándose indistintamente. La competencia, en este análisis, no sería una necesidad humana sino una necesidad histórica. El análisis sobre la incorporación del valor de la propiedad en la sociedad burguesa es tratada en “IV. La propiedad o la renta”, que específica frente a Proudhon el origen de la propiedad en la renta, no siendo la propiedad un origen psicológico y moral sino una extracción de renta, ni la tierra un productor de interés sobre un capital que nunca se aniquila al existir mejoras que rebajan el valor de la propiedad.
El apartado que cierra el libro es “V. Las huelgas y las coaliciones de los obreros”, que Marx inicia contradiciendo la relación formulada por Proudhon entre salario e inflación, señalando el abaratamiento de costos en la reacción burguesa de reemplazar trabajadores con maquinarias. Seguidamente, repudia la intervención de socialistas y economistas quienes por distintos motivos instarían al proletariado a no organizarse. La formación de coaliciones obreras en Inglaterra, con un poderío creciente, sería un indicio de una lucha próxima entre clases.
Tras recorrer todos estos argumentos, Marx señala sin vacilaciones una resolución drástica e inminente en torno a la problemática de la cuestión social, alojada no en la simpleza de una decisión administrativa incluyente en la pugna política, que acaso Proudhon había pretendido no mencionar: sólo la revolución será condición de emancipación de la clase trabajadora.

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