lunes, 24 de febrero de 2014

Los límites de un modelo económico. Reseña de (2005) "El campo argentino. Crecimiento con exclusión social", de Lattuada y Neiman


LATTUADA, MARIO y NEIMAN, GUILLERMO. (2005) El campo argentino. Crecimiento con exclusión social, Capital Intelectual,  Buenos Aires, 2005, ISBN 987-1181-37-X.

 
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En qué estado de cosas se encuentra el modelo productivo argentino argentino, factor base para la generación de riqueza y, en consecuencia, desarrollo? Según los autores, algunos de los cambios recientes instalado estarían en una continuidad de la histórica retracción del Estado argentino en materia agropecuaria a partir de la década del 80, destacando retrocesos relevantes en sucesivos gobiernos como la pérdida de las Juntas Nacionales de Regulación, instrumento que dotaba de numerosas facultades al Estado no sin importantes compromisos en materia de resguardo, calidad, sanidad e innovación de producción así como de incentivos, insumos y previsibilidad a los productores.
A partir de la década del noventa se habría profundizado la aceleración de la desregulación del Estado, suprimiéndose organismos y con ello las influencias de las entidades del sector que los habían hecho propios. Esto confluirá en una nueva visión estatal en que las pequeñas y medinas explotaciones  de la pampa húmeda  serán reconocida como inviables, al tiempo que la competencia sin límites por el alquiler de tierras habría derivado en la suba de su precio, provocado el endeudamiento, aspectos que sumados a una falta de disponibilidad financiera se sumaron a las causas de la falta de adaptación en un modelo tecnológico cada vez más intensivo.
Uno de los grandes problemas del actual modelo agrario estaría dado en el escaso mercado laboral generado, que los autores asimilan al propio de los países desarrollados. Los puestos de trabajo requeridos, además, se caracterizarían pro problemas para registrar a los trabajadores (incluyendo las situaciones de subdeclaración de los establecimientos que los ocupan), las limitaciones de los instrumentos de relevamiento existiendo importantes volúmenes de trabajo en negro e incrementos de ingresos no ceñidos a antigüedad, capacidad o educación.
 Una característica del nuevo modelo productivo es la aparición de empresas controladoras de grandes extensiones de tierra. Tres casos paradigmáticos estarían dados en el ascenso del Grupo Benetton, IRSA (George Soros) y los Grobo Agropecuaria S.A. Paralelamente, las organizaciones de representación del sector habrían modificado sus objetivos yu estrategias de intervención: si entre 1930 y 1990 los sistemas de mediación entre el Estado y la sociedad fueron variados, consistiendo básicamente en acciones de presión, colaboración y colonización de las agencias estatales, una mayor heterogeneidad de intereses en el agro y el desplazamiento del Estado como centro de conflicto –básicamente a partir del manejo del tipo de cambio y retenciones a las exportaciones-.
 Este nuevo escenario dio planteo a un conjunto de problemas y desafíos a resolver dada la perdida de eficacia y funcionalidad de la red institucional creada para el diálogo público-privado durante la etapa de sustitución de importaciones, ante lo cual se esperaba el desplazamiento del contenido político-ideológico de las patronales por una actividad propositiva y de colaboración. Del mismo modo, las organizaciones se habrían visto perjudicadas ante una mayor demanda de eficiencia y cobertura paralelamente a un retroceso de participación, número de asociados y la desaparición de fuentes históricas de financiación. Esto habría llevado a una mayor interrelación entre las organizaciones y el Estado en la implementación de políticas dirigidas al sector, con el aporte de profesionales y técnicos vinculados a las entidades y la promoción de una mayor articulación de intereses entre los distintos eslabones de las cadenas productivas.
La situación del sector hasta 2005 evidenció que los mecanismos  tradicionales de representación y mediación de intereses se mostraron ineficaces e insuficientes para dar una respuesta adecuada a los problemas d rentabilidad, capacidad de reproducción de las pequeñas y medianas explotaciones y deterioro de las condiciones de vida en el mundo rural, lo cual se tradujo en una demanda de transformaciones en las formas asociativas y en sus estrategias de acción colectiva.
Analizar el modelo productivo de cada Estado implica repensar sus posibilidades de desarrollo y sus condiciones sistémicas en la división mundial de la producción. Siendo indispensable pensar la relación entre trabajo y posibilidad nacional, el texto de Lattuada y Neiman nos advierte de la inestabilidad de las pujas al interior de la sociedad y las implicancias de una profundización en el mercado mundial al instrumentarse modelos intensivos, con un retorno coyuntural a un escenario pre-convertibilidad para la relación Estado-corporaciones agrarias pero en el que todo, siempre, está por realizarse.


lunes, 17 de febrero de 2014

El capitalismo tiene sus propias leyes. Reseña de "Miseria de la Filosofía" (1847), de Karl Marx

  
MARX, KARL. (1847) Miseria de la filosofía,  Gradifco,  Caseros, 2010, ISBN 978-987-571-027-6, traducción de Alicia Varela.
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edactada en francés durante el invierno de 1846-1847 y publicada en París en 1847, Miseria de la Filosofía constituye una crítica vehemente a Sistema de las contradicciones económicas o Miseria de la Filosofía de Pierre Proudhon, a modo de oportunidad de exposición de ideas personales en una diferenciación clara con los ideales filantrópicos del reformismo pequeño burgués, síntesis de un pensamiento originado en la sociedades modernas a fuerza constatar la violencia ejercida sobre los cuerpos en las relaciones sociales de producción vigentes, sostenidas por la dominación burguesa legitimada por el Estado en el auge del capitalismo.
En el “Capitulo I. Un descubrimiento científico”, Marx ahonda en la construcción de los valores. Así, en la “Oposición del valor de utilidad y valor de cambio”, contrasta la teoría de la división del trabajo en Proudhon, que señala su origen en la imposibilidad de un individuo en satisfacer múltiples necesidades; contrastando esta visión, señala el olvido del valor de cambio y su relación con la demanda y cantidad de los productos. Marx, citando a Sismondi y Lauderdale para exponer la relación entre precio y demanda frente a la suposición de una relación entre valor útil y valor cambiable, señala en Proudhon una minimización del funcionamiento del intercambio a “formas rituales”.
En “II. El valor constituido o el valor sintético”, ataca las teorías de valor en Proudhon, desestimando la idea de una cantidad de tiempo de trabajo utilizado en el producto, sosteniendo la pérdida de influencia de la ley de oferta y demanda al tiempo que la injusticia de los intercambios provocada por la generación de plusvalor provocaría un sistema de desigualdades.
Seguidamente, en “III. Aplicación de la ley de las proporciones de valor”, Marx continúa la discusión refiriéndose al valor de la moneda y del excedente del trabajo. Sobre la moneda, Marx cuestiona la importancia primitiva atribuida por Proudhon a la valoración del oro, cuyo valor no se estimaría por sus costos de producción ni por una relación de cantidad sino por servir de agente  universal de intercambio. En cuanto al excedente del trabajo, Proudhon considera que la utilización de tecnología y la producción permanente favorecerían a los trabajadores en un proceso de prosperidad permanente, en tanto que los obreros en situación industrial inferior se verían perjudicados. Marx quita fundamentos al optimismo proudhoniano, aduciendo que la prosperidad de unas clases frente al deterioro de otros sería una consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas, propia de relaciones entre clases y no de individuos.
Marx defiende la opción revolucionaria y desestima la teoría reformista de Proudhon.
En el Capitulo III. Metafísica de la política, Marx desarrolla una crítica a siete principios de la interpretación del funcionamiento de la economía en Proudhon; de este modo Marx ataca la abstracción de las categorías económicas, desvinculadas de un origen histórico y contempladas como producto de la razón pura (primera observación); a la exploración de las categorías económicas a través de la dialéctica hegeliana que explicaría procesos y categorías como productos del pensamiento y no de relaciones de producción (segunda observación); a la falta Proudhon de categorías que expliquen en por la dialéctica de las relaciones económicas en las fases sociales (tercera observación); a la idea de análisis sobre la conveniencia de las categorías económicas, en contradicción con la gravitación de las definiciones que el movimiento dialéctico define por sí mima (cuarta observación); la caracterización de la dialéctica como movimiento de una “moral completamente pura” y no un movimiento de la razón absoluta (quinta observación); la falsedad de la eternidad de los conceptos. Si Proudhon considera  que la igualdad es la hipótesis superior derivada  de una serie de hipótesis particulares previas, con éxitos y fracasos en la búsqueda, Marx considerará que las transformaciones económicas de la Modernidad en la propiedad rústica han expulsado en forma creciente al campesinado, al tiempo que admite la idea de igualdad como una tendencia propia del siglo XIX. De este modo, Marx cuestiona la pretendida síntesis de Proudhon señalando que no se trataría específicamente de desarrollar una ingeniaría social  resultante de la crítica a la economía y las buenas intenciones, lo que constituiría una cientificidad precaria, sino considerar las relaciones de producción existentes como determinantes de la situación social.
Seguidamente, en “II. La división del trabajo y las máquinas”, vuelve a desestimar las abstracciones de Proudhon y sus posicionamientos reformistas, que implicarían un desconocimiento sobre el proceso vigente, que paradójicamente engendra una división del trabajo en los talleres y una ignorancia del oficio. En “III. La competencia y el monopolio”, Marx continua el sentido de su crítica, y al referirse a la idea de monopolio y competencia como conceptos antagónicos, el autor aduce las derivaciones de uno en el otro, dándose indistintamente. La competencia, en este análisis, no sería una necesidad humana sino una necesidad histórica. El análisis sobre la incorporación del valor de la propiedad en la sociedad burguesa es tratada en “IV. La propiedad o la renta”, que específica frente a Proudhon el origen de la propiedad en la renta, no siendo la propiedad un origen psicológico y moral sino una extracción de renta, ni la tierra un productor de interés sobre un capital que nunca se aniquila al existir mejoras que rebajan el valor de la propiedad.
El apartado que cierra el libro es “V. Las huelgas y las coaliciones de los obreros”, que Marx inicia contradiciendo la relación formulada por Proudhon entre salario e inflación, señalando el abaratamiento de costos en la reacción burguesa de reemplazar trabajadores con maquinarias. Seguidamente, repudia la intervención de socialistas y economistas quienes por distintos motivos instarían al proletariado a no organizarse. La formación de coaliciones obreras en Inglaterra, con un poderío creciente, sería un indicio de una lucha próxima entre clases.
Tras recorrer todos estos argumentos, Marx señala sin vacilaciones una resolución drástica e inminente en torno a la problemática de la cuestión social, alojada no en la simpleza de una decisión administrativa incluyente en la pugna política, que acaso Proudhon había pretendido no mencionar: sólo la revolución será condición de emancipación de la clase trabajadora.

lunes, 10 de febrero de 2014

Choque de cometas. Reseña de “De la monarquía”, de Dante Alighieri

ALIGHIERI, DANTE. (1310) De la monarquía, Biblioteca Losada Contemporánea,  Buenos Aires, 1966, traducción del latín de Ernesto Palacio.

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acido en Florencia, Dante Alighieri (1265-1321) fue un activo partícipe de la vida política itálica, marcada por el conflicto entre güelfos (imperialistas) y gibelinos (papistas), originado en una disputa de casas alemanas. En 1289 luchó en la Batalla de Campaldino junto a los Caballeros Florentinos Güelfos, ocupando luego órganos deliberativos florentinos y funciones diplomáticas. Iniciada una división y luchas violentas entre güelfos, hacia 1302 se verá expulsado de Florencia hasta su muerte. En 1310, año de la invasión a Italia de Enrique VII de Luxemburgo, Dante publicará una obra teórica escasamente divulgada y reconocida: su tratado De la monarquía. En ella, el autor intenta resolver las disputas entre el poder espiritual y el poder temporal y su incidencia conflictiva al poner en cuestión la legitimidad del ejercicio de poder de los distintos soberanos.
La primera cuestión que desarrolla Dante en su “Primer Libro. Necesidad de la Monarquía” es el deber de los intelectuales en hacer público su entendimiento sobre lo político como contribución a los pueblos. A través de este saber/deber, se introduce en la descripción de la Monarquía, institución de gobierno que caracteriza como “Imperio, Principado Único”. El hombre, criatura especializa con una propiedad de género (la potencia intelectiva) encuentra  su máximo desarrollo en la felicidad que garantiza le orden de la paz. “Como la parte es al todo, así el orden parcial al total”. Siguiendo planteos aristotélicos, entiende que la universalidad humana pertenece a su universo, por un principio de unicidad, representado en la figura del Monarca. Este monarca ejercitaría su función política por características personales de virtud (“austeridad”, “rectitud”), carisma (capacidad de “disponer de los otros”) y un ejercicio de poder de hecho (“jurisdicción universal”). La mejor disposición de loso súbditos y la necesidad de encauzar los litigios entre partes, reconocidas formalmente como soberanos menores, ameritarían la acción de este representante a la finalidad de 1) otorgar bienestar, 2) ordenar a un fin y 3) evitar la división. Esta situación favorece el mejoramiento humano debido a que es perfecto e imita la ejemplaridad, favoreciendo el goce de la libertad al asegurar la concordia y la paz.
Dante guarda una visión peyorativa hacia la democracia, la oligarquía y la tiranía, considerándolos regímenes tortuosos que “mantienen en la servidumbre al género humano” por obra de “políticos tortuosos”. Por el contrario, reyes y aristócratas gobernarían haciendo que el género humano “vive por sí y no por gracia de otro”, haciendo “pueblos celosos de la libertad”.
Seguidamente, Dante expone las razones que han favorecido el protagonismo histórico del pueblo romano, en una legitimidad fundada en al “lumbre de la razón humana” y “rayo de la divina autoridad”. En principio al pueblo romano, por ser el más noble, le correspondería gobernar sobre los otros, según lo constata Virgilio en la herencia del divino Eneas, héroe “piadoso” y “justo” que aglutinaría un crisol cultural de cada una de las tres partes de la tierra tripartita: Europa dio a su abuelo Dárdano, África a su abuela Electra y a su esposa Dido y Asia a sus abuelos más próximos (tal el caso de Asaraco de Frigia). Del mismo modo, los romanos se habrían visto favorecidos por numerosos milagros, tales como la dación de escudos desde el cielo en una batalla dirigida por Numa, el graznido de gansos que advirtió sobre la invasión gala o el granizo que afectó a los fenicios cuando Roma parecía conquistada. Entiende Dante que el obrar de los romanos ha sido virtuoso y suficientemente demostrado en Cincinato (que abandonó rápidamente el cargo de dictador al cumplir el mandato del Senado), Fabricio (quien siendo de humilde condición, no se dejó sobornar), Camilo (que libertando Roma, aceptó el exilio impuesto por los habitantes de la ciudad), de Brito y Marco catón (por su celo republicano) y de Mucio (quién sacrificó su mano para demostrar lealtad a Roma). El pueblo romano, al someter el mundo, persigue el bien público al establecer el derecho, aspecto que otorgaría legitimidad a la conquista.
¿Cuáles son los fundamentos para avalar la jurisdicciónen la disputa del poder temporal y el poder espiritual?
La naturaleza ordena las cosas, interviniendo una serie de operaciones necesarias y multitud de agentes. El juicio de Dios puede entenderse por revelación simple, comprendiendo la “decisión espontánea de Dios” (puede ser expresa o por signos) o “por ruegos”. Otra forma de expresión de la voluntad divina es la revelación pro combate puede darse “por suerte” (interviniendo una acción divina) o “por certamen” (consistente en un duelo). El pueblo roano predominante sobre los otros pueblos conquistadores, en pugna por ejercer el Imperio, adquiere sus posesiones por duelo, cuidándose de obrar con justicia tal como lo recomiendan los tratadistas militares Tulio y Vegecio. Así, los combates entre Eneas y el rey Turno, el enfrentamiento entre los Horarios y los Curiacios y las sucesivas luchas contra sabinos, samnistas, Pirro y cartagineses habrían conformado disputas justas por conducir y ceñir al universo en el orden imperial. Una evidencia de la legitimidad divina dada a Roma estaría dada en la inscripción por edicto de Cristo como hombre al nacer y en la aceptación del castigo administrado en la jurisdicción romana de Pilatos. 
La legitimidad de la jurisdicción exclusiva universal es la temática inspiradora que se aborda de lleno en el “Tercer libro. Que el cargo de la monarquía o Imperio depende inmediatamente de Dios”.  Comienza con una cita de Daniel: “Cerró la boca de los leones y no me hicieron año, porque en su presencia encontró en mí justicia”. La frase se introduce para retomar la vinculación entre naturaleza y plan divino, considerándola ajustada a un fin ¿Podría entonces el Imperio nacer, perdurar y consolidar una superioridad de fuerzas frente a cualquier otra forma de poder sin una jurisdicción divina? El problema radicaría, según el autor, en la negación obstinada del Sumo Pontífice, sensualistas hombres de la Iglesia y decretalistas (estudiosos de las doctrinas de la tradición de la Iglesia Católica), quiénes “por la niebla de la codicia o la pasión, no disciernen la faz divina de la elección humana”.
A continuación se repasan las distintas teorías papistas sostenidas en las Sagradas Escrituras.

·         Según el Génesis, Dios hizo dos grandes luminarias referentes a dos regímenes, siendo la mayor el Sol (el poder espiritual) y la menor la Luna (temporal).
·         Del texto de Moisés, se extrae que del linaje de Jacob surgen estos dos regímenes, antecediendo Leví (representación del poder espiritual) sobre Judá (poder temporal)
·         Del libro de reyes, se invoca al nombramiento y deposición de Saúl bajo la intercesión de Samuel.
·         Se señala el texto de Mateo, sosteniendo que Cristo recibió la concentración de ambos regímenes al recibir incienso y oro.
·         La frase de Cristo “Y todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”, de lo que se arguye la autoridad del sucesor de Pedro. Otro tanto sucede con el señalamiento de “He aquí las dos espadas” a Pedro.

Estas argumentaciones son citadas una a una y cuestionadas. El ser de las cosas, la falsedad de la autoridad de nacimiento, la legitimidad especialísima de los excepcionales casos de mandatarios de Dios, la confusión entre la autoridad de Cristo y la de Pedro y sus sucesores y la interpretación de la espadas como símbolo de defensa de la fe en el mundo terrenal son algunos de los argumentos con que se dan por refutadas. Otro tanto sucede cuando se relaciona la historia del Imperio y el Papado, en donde la donación de Roma por Constantino y la recepción de la dignidad imperial de Carlos por el Papado son gestos del poder espiritual que consolidan un poder superior preexistente.
La autoridad del Imperio es independiente entonces, por principio, del poder espiritual. La expresión de la Iglesia militante representada en Cristo evidenciaría la autoridad del Mesías únicamente en el reino de los cielos. El hombre, punto medio entre lo corruptible y lo incorruptible, ha sido destinado por la Providencia en una “doble dirección”: ser guiado por la verdad revelada hacia la vida eterna por la Iglesia y la de vivir en la paz y libertad forjada por el Imperio. Ello no implicaría que el Monarca cercenara o atacara la potestad del Romano Pontífice, sino que la propuesta final es la reverencia al último de modo  que la virtud irradie sobre el orbe terrestre.
La edición contiene una valiosa exposición de Juan Llambías de Acevedo, profesor de la Universidad de Montevideo, leído en la Muestra Bibliográfica de la Filosofía católica que tuvo lugar en Buenos Aires en noviembre de 1939. Allí, desarrolla las ideas del período histórico, la disputa teórica sobre la superioridad de los poderes desde el Papado de Gelasio I, dando testimonio finalmente de los nuevos ribetes de la cuestión que lo vuelven un problema real y no ficticio.

La obra aborda un tópico recurrente de la Edad Media referido al imperium unviversalis pero cuyo aspecto esencial continúa irresoluble y plenamente vigente: la determinación de la legitimidad de una jurisdicción universal en un contexto de disputa dual ¿Qué soportes legitiman una posición? ¿Dónde quedan los límites de acción y representación de un poder soberano?
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