jueves, 6 de agosto de 2015

Anotaciones sobre el enemigo ruso. Reseña de (1979) La alternativa del diablo, de Frederick Forsyth (3)



"Boris Navaja, duro como el martillo, retorcido como la hoz" (film Snatch, cerdos y diamantes)
"Munro conocía el patriotismo de los rusos, el ardiente amor a su país, que les hacía soportar todos los sufrimientos, todas las privaciones, todos los sacrificios, y que, si se manipulaba bien, hacía que obedeciesen sin chistar las órdenes de los amos supremos del Kremlin." (Frederick Forsyth, The devil´s alternative)

E
spejo que devuelve el horror propio, la industria cultural estadounidense ha personificado al enemigo ruso –cual peronistas argentinos- llevan “cada uno en su mochila un bastón de mariscal” (Perón, Actualización doctrinaria), semejando intrigantes células determinadas en el ataque a los centros vitales de un enemigo. No fue sino la era Bush donde la cultura estadounidense, necesitada de una renovación en la narrativa imperial –acudió a nombrar la amenaza de un enemigo (dado por) precivilizado e irracional, peligroso y primitivo. Pero, claro está, por su alcance en el dominio de la técnica de destrucción, inobjetablemente vulnerable; se trata de la ejemplificación de los díscolos y el avance en la guerra por los recursos escasos. El rol subalterno de Rusia, bajo la concordia yeltsiniana con su rival del siglo xx, y su conversión transitoria en un aliado principal en la “Guerra contra el terrorismo” ante las presiones del wahabismo checheno, marcará una tregua hasta que invadido Irak, socio estratégico de la industria energética rusa, reformulará las relaciones entre ambas potencias hacia una tensión diplomática que aún subsiste. La identidad rusa se ratificaría en la disputa por la soberanía la verificación de la influencia de la identidad como soporte de los esfuerzos colectivos por la continuidad de la historización de una dignidad conquistada, en que el pasado es apenas una etapa a superar fatalmente. Dicho de otro modo, los símbolos y mitos nacionales en los que subyace el honor nacional son irrenunciables. 
El enfrentamiento de la potencia hegemónica del Occidente capitalista descubre en la pugna por el dominio político la adversidad no de un aparato estatal, sino de una nación organizada ideológicamente homogénea. Esta posición echa por tierra el sostenimiento del régimen soviético por su sola forma estalinista, siendo señalada la fortaleza del pueblo ruso en la aceptación de sacrificios colectivos en razón del interés nacional.  No es negada con ello la asimetría de jerarquías al interior del orden social, donde los conductores políticos del Estado constituirían el mando de la ingeniería social, sino que es reconocida la legitimada bajo los presupuestos característicos del régimen.

"“Hay hoy en la tierra dos grandes pueblos que, partiendo de puntos diferentes, parecen avanzar hacia la misma meta: son los rusos y los angloamericanos.
 El americano lucha contra todos los obstáculos que le opone la naturaleza; el ruso combate con los hombres. Uno combate al desierto y a la barbarie, el otro a la civilización revestida con todas sus armas: si las conquistas del americano se hacen con la azada del labrador, las del ruso con la espada del soldado.
 Para alcanzar su meta, el primero se apoya en el interés personal, y deja actuar, sin dirigirlas, a la fuerza y a la razón de los individuos.
 El segundo concentra, en cierta manera, en un hombre, todo el poder de la sociedad.
 El uno tiene como principal medio de acción a la libertad; el otro a la servidumbre. Su punto de partida es diferente, sus caminos son diversos; sin embargo, cada uno de ellos parece llamado por un designios secreto de la Providencia a tener un día, en sus manos, los designios de la mitad del mundo.”
 (Tocqueville, Alexis de. (1835-1840). La democracia en América, Editorial Guardarrama, Madrid, 1985, traducción de Marcelo Arroita-Jáuregui, pp. 164-165)


La visión de Tocqueville hacia mediados del siglo XIX pone en evidencia una sagacidad profética. Dos naciones, paradójicamente lindantes, se dan por destinadas a detentar la posición hegemónica al occidente y al oriente del espacio mundial. A un mismo tiempo, el comercio y la espada significan causa de expansión de los Estados e, incluso,  facetas de supremacía de la forma imperial. El objetivo que guía la sociedad y su tipología de organización, siendo contrapuestos, inspirarán un rol protagónico que caracterizara al renacimiento ruso durante la Unión Soviética  y la vanguardia económico-militar de la sociedad de mercado en que se convertirá el Estados Unidos de postguerra. El período estalinista aportará al respecto una fructífera proliferación de arte local, que evocará con belleza, complejidad y sentido histórico la resistencia y heroísmo en la reafirmación ideológica de un modelo de identidad nacional.
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