lunes, 25 de mayo de 2015

La política en el mundo bipolar. "La alternativa del diablo", de Frederick Forsyth (1era. parte)


FORSYTH, FREDERICK. (1979) La alternativa del diablo (tit. orig.: The devil´s alternative), Plaza y Janés, Bogotá, 1979, traducción de J. Ferrer Aleu.

L
a pérdida de 150 millones de toneladas de trigo y el asesinato del titular de la KGB en Ucrania aceleran la disputa por el mando supremo en una Unión Soviética cuya crisis, paradójicamente, también es oportunidad para los deseos de la conquista de Europa occidental. Los nacionalistas ucranianos, en tanto, toman un barco petrolero de un millón de toneladas y amenazan liquidar rehenes y derramar el crudo si no son enviados a Israel dos de sus militantes presos en Alemania Oriental.  Un acuerdo cerealero entre soviéticos y estadounidenses cae ante el emergente ucraniano. Sin arriesgar a una toma de posición, retrocedemos hasta 1979 para volver a esta interesante ficción realista.
Nacido en 1938 en Ascroft, Reino Unido, Frederick Forsyth se ha desempeñado como periodista en las agencias Reuters y BBC en la cobertura de sucesos internacionales. Pero ha sido con sus novelas políticas que Forsyth ha alcanzado el lugar de uno de los más importantes best sellers del sigo XX. Sus novelas acreditan erudición y sagacidad suficientes como para delimitar la continuidad histórica de los escenarios y reconocer las hipótesis de conflicto reales que posibilitan el desenvolvimiento de la ficción política.


En esta trama de enredos que Forsyth publicó en 1979 (sexta novela) es descripta la complejidad del mundo bipolar sin ningún reparo en la intervención de la razón de Estado en la ejecución de decisiones de ambos bloques, donde conservación y honor del Estado encuentran un mismo hilo conductor. Acaso, tal como sostiene el artículo biográfico de Wikipedia sobre el autor, "su visión moral es dura: el mundo está compuesto de depredadores y presas y solamente los fuertes sobreviven". Revisemos.

La cuestión de Ucrania


Históricamente, Ucrania había sido poblada por los pueblos del rus, quienes fundaron la ciudad de Kiev. Si la disputa geopolítica de las fronteras nacionales e ideológicas había sumido a ruinas a Ucrania durante los inicios de la década del 20´, la posterior lucha contra la hambruna había comprometido a la Unión Soviética a importantes compromisos en dotar de servicios y bienes esenciales. Sin embargo, el proyecto de industrialización soviética, que implicó la intensificación de la producción agrícola a los fines de proveer un mayor financiamiento,  limitó la provisión del grano a las granjas que hubiesen logrado el aporte de la cuota de producción establecida reapareció el problema de la hambruna, dejando como saldo millones de muertos. La rusificación implicó además la persecución a los núcleos nacionalistas, reticentes al rol subalterno de la Ucrania soviética.
No obstante, hacia la década del 50’ a Ucrania le habían sido reconocidas su fidelidad a la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, sus ciudadanos habían alcanzado reconocimiento de líderes influyentes en la unión, había alcanzado un importante desarrollo industrial y se destacaba como polo científico-tecnológico. El granero se había convertido en joya.
En la novela, el anglo-ucraniano Andrew Drake (Andriy Drach), devenido en su alter ego Svoboda (‘libertad’, en ucraniano) planea la liberación de Ucrania presionando a las potencias occidentales para que intercedan a favor de sus demandas. Para ello, decide mostrar la vulnerabilidad del poder soviético al eliminar en Ucrania al jefe de la KGB Yuri Ivanenko, pergeñando la rebelión de otras repúblicas soviéticas descontentas. Su problema surge cuando en el avión de Alemania Occidental, tomado por los extremistas, es asesinado accidentalmente uno de los pilotos. La respuesta de Drake es la captura del barco Freiya un petrolero gigante,  y con ello la amenaza de un derrame completo de crudo en el Mar del Norte y el asesinato de todos los rehenes si los miembros de la causa no son enviados a Israel, lo que instala la tensión internacional.
La hostilidad ucraniana hacia el ruso ya contaba entonces con antecedentes históricos relevantes. Cuando el ultraderechista Stepan Bandera visibilizó la marcha destructiva del ejército zarista en su ciudad durante la Primera Guerra Mundial, Ucrania había perdido su significado de cuna de la civilización rusa y se iba consolidando en sectores civiles un proyecto nacionalista. Será en 1942 cuando el Ejército Insurgente Ucraniano (Ukrains'ka Povstans'ka Armiia), brazo armado de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, trazará una estrategia ecléctica: con los colaboradores nazis asumirá el colaboracionismo y compartirá el antisemitismo, pero persistirá en la conformación de un Estado ucraniano independiente del régimen nazi. Similar posicionamiento mantendrá el Ejército de Liberación Ukraniano (Ukrainske Vyzvolne Vijsko - UVV), al mando de al mando del general Omelianovych-Pavlenko y el coronel Kryzhaniwsky Petro, quiénes agregaran a su uniforme de milicias nazis distintivos nacionales.
La reacción soviética frente al asesinato de Ivanenko está dirigida a ejecutar una pena ejemplificadora ante la constatación de su propia vulnerabilidad y, frente al acuerdo de ralentizar la carrera armamentista, modifica los términos  del intercambio solicitando la entrega de los extremistas. Washington debe decidir: 1) ceder, asumiendo debilidad y falta de confianza de sus aliados occidentales o 2) no ceder, cancelar el acuerdo comercial, permitir el acceso del sector duro al poder y la renovación soviética de la carrera de armamentos.
Sin embargo y volviendo a la novela, la gama de decisiones habilita opciones menos pulcras. La solución al conflicto de los extremistas ucranianos no será transparente ni en el marco del Estado de Derecho: los recluidos en Alemania morirán en Israel tras ser envenenados en Alemania, en tanto que Drake será ultimado en su escape bajo torpedos de la OTAN.  En este desenlace, el autor combina el sentido de la realpolitik (o “ética de las responsabilidades”, en la apropiación neoconservadora de las palabras de Max Weber, ya vueltas hartante eufemismo) y el cinismo propio de las decisiones estatales en las relaciones internacionales.
Así, la apuesta del metódico y disciplinado Svoboda es anulada por su propia ingenuidad, que desarticula su plan  al evidenciarse el desinterés de Occidente en la causa ucraniana, cuando más que apelar a la solidaridad de las principales democracias liberales ha interpelado a la pericia defensiva del modelo militar-capitalista en el sostenimiento de un status quo donde no resultan vencedores quienes dividen a sus rivales ni el poder de las alianzas leales sino sólo aquellos que, detentando un poder hegemónico inexpugnable, no encuentran limitaciones en su capacidad  decisoria.
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