jueves, 26 de febrero de 2015

El aquelarre de los bancos. Reseña de (2004) Hitler ganó la guerra, de Walter Graziano (1)

Graziano, Walter. (2004) Hitler ganó la guerra, Sudamericana, Buenos Aires, 2004, ISBN 950-07-2477-4.

U
N viejo refrán niega la existencia de las brujas, para luego inmediatamente ratificarla. El libro que describiremos a continuación deja a una fase anterior la tradicional afirmación para detallar eslabones de una de las teorías conspirativas más recurrentes de la Modernidad pero también más presentes en sitios web. Para quién no contempla casualidades, los hechos que conducen el sentido del mundo no admitirían casualidad: serían la atemorizadora paradoja de una linealidad de decisiones exitosas de los poderosos en un mundo que, caótico y amoral, es funcional a la guía de una élite ambiciosa.
En “1. Nash: la punta del ovillo”, el autor recuerda como desde una experiencia personal (la proyección del film Una mente brillante, concretamente) descubre las ideas de John Nash, omitidas de la discusión pública y negadas en la formación académica. La aparición de los estudios de Nash durante la década del ´50 habrían constituido un avance sobre la teoría de los juegos desarrollada por Oskar Morgerstern y John Von Neuman, destacándose en especial medida su teoría sobre los juegos cooperativos que atacaría la idea de una sociedad egoísta irradiadora de riqueza y le valdría la obtención del Premio Nobel de Economía en 1994. Sin embargo, durante las décadas del ´50 y´60 comenzó a difundirse desde la Universidad de Chicago una serie de ideas económicas visibilizadas y prestigiadas por los comunicadores mediáticos. Impulsada por teóricos y grandes empresarios, la Escuela Monetarista señalaba tener una respuesta universal para los problemas económicos, fundada básicamente en mantener una relación entre la cantidad de dinero y el PBI.  
¿por qué prevalecieron los enfoques teóricos de Friedman
 sobre los de Nash?
Hija directa de la Escuela Monetarista, la Escuela de las Expectativas Racionales reduce el comportamiento el Estado a cerrar su presupuestos in déficit. Su versión más radical -al año de publicarse el libro de Graziano- estaba dada por Robert Lucas, un ingeniero malthusiano que advertía que el crecimiento demográfico supera la generación de empleo. La difusión de esta perspectiva conservadora, ligada al social darwinismo, se explica en relación a  los poderosos intereses que sostienen esas usinas teóricas que resultan ser las casas de estudios. He aquí el reconocimiento de la mentada “punta de ovillo”: la intervención permanente de la industria petrolera.
El entramado del funcionamiento estas élites se habría terminado por visibilizar en la actual problemática energética (“2. El problema del petróleo”). La asociación de la familia Bush a los intereses petroleros sería una constante de la historia estadounidense, siendo su caso más emblemático el poder alcanzado por David Rockefeller a través de la Standard Oil, que supo alcanzar el 95% de la exploración, explotación distribución y venta minorista en Estados Unidos. El ascenso de una oligarquía local, con prácticas de monopolización en actividades estratégicas, siendo la banca Rothschild la prestamista original. El recelo a este control de la economía sería expuesto en al consideración de este grupo como “Robber barons”. Tal sería el poder económico alcanzado por la Standard Oil  que, una vez sancionada la antitrust “Ley Sherman” en 1890, sería aplicada a la situación petrolera 21 años después, sin impedir que los pioneros mantengan relación con las empresas resultantes de la desmonopolización a través de la posesión de activos. La agudización del problema del petróleo en la elite angloestadounidense estaría dado en un próximo alcance del límite mundial de producción, situación que expone el desafío de mantener un flujo constante ante la finalización de yacimientos y el imperativo de encontrar nuevas reservas, siendo característica de la industria petrolera la falta de previsión de los ciclos de producción, que impiden su regulación. Las proyecciones negativas sobre la escasez de energía había impulsado las campañas culturales para formar una imagen negativa de musulmanes y del gobierno de Chávez, todos ellos situados en territorios de abundantes reservas mundiales.
Occidente habría comprobado durante al década del 70 los perjuicios de una sobrevaloración del crudo por los países productores. Esta posibilidad de acceso por las multinacionales energéticas a través de la creación y manipulación de los conflictos no tendría por objetivo facilitar la inserción de la producción en el mercado. Por el contrario, los distintos episodios de crisis (efecto “Tequila”, “Vodka”) durante la década del noventa en los países emergentes podrían ser contemplados como medidas destinadas a limitar la demanda energética nacional.
En “3. 11 de septiembre y el mito de las guerras justificadas” se aborda el ataque de las torres gemelas, hasta entonces el último gran episodio internacional bajo cuyos efectos se había redimensionado la política exterior norteamericana y las doctrinas de seguridad internacional. Es el momento en que se da activación a una inédita legislación de control policial. Acostumbrada al trato con inversores de Oriente Medio, la familia Bush había realizado acuerdos con dos miembros del clan bin Laden su abuelo Mohamed, y su padre Salem), falleciendo ambos durante un viaje de negocios en Estados Unidos al estrellarse sus aviones, episodios con apenas veinte años de diferencia (1968-1988). La familia Bush, que ha pretendido imitar las estrategias de ascenso social de la familia Rockefeller, contaba entonces con la adversidad de ver vaciados los pozos petrolíferos de Texas, motivo por el cual habrían creado empresas destinadas a atraer inversiones, obtener beneficios de la quiebra, y luego crear o fusionar algunos activos para repetir el negocio. La caída del Bank Du Crédit et Commerce International, asociado al lavado de dinero del narcotráfico y prestamista de grupos terroristas,  con el cuñado de Osama bin Laden (Khaled bin Moufaz)  como referencia principal, marcará el declive de la carrera política de George Herbert Bush. Osama bin Laden, destacado activista contra la participación soviética en Afganistán durante la década del ’80, será presuntamente apartado de la familia bin Laden para ser utilizado como chivo expiatorio de los turbios negocios familiares. Plantear la culpabilidad de bin Laden implicaría, en consecuencia, una afirmación a priori que negaría la capacidad destructiva de las posibilidades del capitalismo.


(Continuará...)

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