sábado, 29 de noviembre de 2014

Pensando Bourdieu. Reseña de (1987) Cosas dichas, de Pierre Bourdieu (3)


 3.   ¿Al pueblo lo que es del pueblo? (I)

La tarea académica se convierte en un análisis científico de reconocimiento de la dominación, un paso necesario en toda búsqueda emancipadora. Así, Bourdieu suele reiterar tres formas de dominación: la (presuntamente científica), la cultural y la política.
Con la reducción de las voluntades colectivas a números de porcentajes, inicia el cuestionamiento a la autoridad de los sondeos de opinión (“El sondeo, una ‘ciencia’ sin sabio”). La falsa universalización del contenido de los datos sobre “lo que todo el mundo se plantea” (negando la elaboración pormenorizada e inducida de los cuestionarios), la ausencia de profundidad sobre la categorías intervinientes y la desposesión de las masas en beneficia de los cabecillas expondrían el potencial comercial de los sistemas políticos y la des jerarquización social de las autoridades de la representación pública. La negación de la cientificidad de los resultados de los sondeos no omite la valoración del método, una estrategia de utilización de argumentos ad hominem que descarga a las personas de las responsabilidades que les incumben más que exitosa en tiempos de política mediática.
La obra contiene el que quizás sea el texto más célebre de Bourdieu, “La delegación y el fetichismo político”, donde vuelca su posición sobre la calidad de la democracia y la idoneidad de una idea de representación política. En esta oportunidad, recuerda como el trabajo de delegación es olvidado, y reificado se vuelve en principio alienación política, donde la ida de fetichismo de Marx aparece como un “producto del hombre dotado con vida propia”.
A través de esa delegación, el representante utiliza la voz del grupo (o de sus mandantes), concepto que Bourdieu denomina misterio del ministerio. El uso de la delegación inconsciente y la apropiación de la autoridad del grupo por parte del mandatario es correlativo al establecimiento de un cuerpo estable de figuras en la conducción. Para ejemplificar, recuerda los estudios de Marc Ferro sobre los inicios de la Revolución Rusa, cuando a la inicial etapa de deliberación y participación es sustituida por la asignación de delegados por el poder central, en distintos ámbitos, con órdenes y objetivos precisos. Con ese pasaje se produce una institucionalización burocrática que tiende a monopolizar el poder volviendo inútil la participación en las asambleas. Se llega así a la conclusión paradójica de que los mandatarios concentran el poder aun prescindiendo de miembros permanentes, fieles o militantes, ya que la organización tiene un sello propio, una cultura específica y un aparato. Así, el aparato siempre tiene la razón y exige que periódicamente sea nutrido por cada uno de sus miembros.
La dominación política no puede ser pensada independientemente de la dominación cultural. Esta relación entre la voz nominante y los sujetos es singularmente reconocida en “Los usos del ‘pueblo’”. Con genio agudo y receloso, el nudo del planteo se dirige a pensar si lo popular es verdaderamente lo popular, y a partir de que discusiones se configura el reconocimiento de lo popular.
Pues bien, Bourdieu asocia al establecimiento de lo popular con “apuestas de lucha entre los intelectuales”, cuyas tomas de posición dependen en su forma y contenido de intereses específicos ligados a una posición ocupada en un campo de producción cultural. Así, la remisión al “pueblo” suele vincularse al elogio de un particularismo, sea la idealización de las costumbres de una población o los orígenes humildes del intelectual, que suele ocupar posiciones dominadas en el campo de producción. 

martes, 11 de noviembre de 2014

Pensando Bourdieu. Reseña de (1987) Cosas dichas, de Pierre Bourdieu (2)

2. Nuevos y viejos dioses: La competencia en el campo teológico

En "La disolución de lo religioso", Bourdieu realiza una genealogía sobre el origen histórico de la "manipulación legítima de los bienes de salud", examinando la paulatina escisión del rol del campo religioso. El monopolio de la competencia legítima ahora encontraría, por caso, una gama ampliada de especialistas. El campo de la manipulación simbólica (es decir, de actores de producción de una visión del mundo) contiene a psicoanalistas, psicólogos, sociólogos y trabajadores sociales bajo una forma laicizada, siendo separada la cura del alma de la cura del cuerpo. Un dato, no menos, para la explicación de estos cambios estaría dado en una elevación generalizada del nivel de instrucción.
En este cuadro, el clérigo religioso, en la tentativa de promover un modelo de vida, sufriría las restricciones de un campo propio cuya estructura ha mutado. De dominante, tiende a volverse dominado, en provecho de clérigos cuya cientificidad no sería distinta  las de las autoridades religiosas del pasado. Pero si las estructuras teológicas se ven permanentemente renovadas bajo las promesa de un inclusivo paraíso armonioso, Bourdieu omite aquí (llamativamente)referencias sobre los medios de comunicación, acaso los mayores depositarios de fe ciudadana y formadores ineludibles de la opinión pública.

Otro aspecto paradójico que se desliza del texto es la defensa que Bourdieu sostiene en otros escritos por las ciencias sociales con esta inclusión de los sociólogos en el espacio  de los nuevos clérigos (las preguntas son obvias ¿serían los sociólogos o algunos sociólogos? ¿se desprende de un criterio relativista, de pugna de verdades?). Acaso porque la misma producción científica no sea sino un descanso de la consciencia en la creación y proclamación de interpretaciones de los investigadores frente a otros miembros del campo.


Una práctica bastante alejada a una modificación humana de las condiciones de existencia, en que el conocimiento académico, tras agotarse en los esfuerzos de sus productores por su reconocimiento, se ve sepultada por crónicas frívolas y otras variantes de comunicación desvergonzada.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Pensando Bourdieu. Reseña de (1987) Cosas dichas, de Pierre Bourdieu (1)

Bourdieu, Pierre. (1987) Cosas dichas (tit. orig.: Les Éditions de Minuit), Gedisa, Buenos Aires, 2000, traducción de Marta Mizraji, Barcelona.

C
on frecuencia, los autores, tras apenas producirse su deceso, dan apertura a la “sucesión” por su legado, dando lugar a interpretaciones sesgadas cuando no contrarias a una trayectoria de producción. Cosas dichas, obra publicada en 1987, reúne un conjunto de artículos y entrevistas a Pierre Bourdieu, sociólogo francés post-estructuralista empeñado en una revisión crítica constante a las ciencias sociales y fundador de los conceptos de campus y habitus

1.    Influencias intelectuales sobre la obra de Bourdieu

Una de las pretensiones centrales de los textos reunidos es arrojar luz sobre el sentido de la obra propia. En "Fieldwork in philosophy", el pensador francés menciona las ideas que predominaban durante el transcurso de sus estudios universitarios (década del ' 50) eran la fenomenología existencialista, especialmente a través de Sartre, Merleau-Ponty y Husserl, y variantes marxistas como Tran-Duc-Tao. Para entonces, desinteresado de la filosofía contemporánea, había realizado lecturas sobre Marx, apasionándose por los escritos de juventud, con un interés especial por la “noción de autonomía relativa”. No obstante, rechazara por exasperante la presión estaliniana de la época, siendo limitante de las libertades estudiantiles al interior del campus.
Bourdieu es nuevamente interrogado sobre las influencias recibidas en “Puntos de referencia”, donde sostiene que “la sociología de la sociología es una de las condiciones primeras de la sociología” y resuelve las confrontaciones entre weberianos y marxistas, considerando que ambos desarrollos intelectuales, bajo su especificidad, resultan enfoques complementarios no antagónicos.
Sin embargo, si Marx y Durkheim habrían fundado la tradición objetivista de estudios sociológicos, Bourdieu reconoce como fundamental la ruptura subjetivista de Schutz: la realidad social tendría un sentido y una estructura de pertenencia específica para los seres humanos que viven, actúan y piensan en ella; el conocimiento se obtendría entonces por una ruptura de las representaciones primeras que conduce a las causas inconscientes. Por ello, desde su afirmado “estructuralismo constructivista”, señala no hacer empleo del concepto de praxis ni marxismo “elegante”: simplemente define su objeto de estudio en la práctica desde sus trabajos en el Centro de Sociología Europea, donde realiza trabajos sociológicos y etnológicos sobre los trabajadores argelinos y los estudiantes franceses. Su metodología de análisis incluye conductas económicas, demográficas y políticas, buscando la comprensión de las estructuras, las taxonomías y la clasificación de los agentes sociales.

De este modo, Bourdieu reconoce para sí haber permanecido en el estudio del espacio social en el que se sitúan la personas, y como esa misma pertenencia permite “comprender la lógica de sus prácticas y determinar, entre otras cosas, como clasificarán y se clasificarán, y, llegado el caso, como se pensarán como miembros de una  ‘clase’” (p. 58), acaso una respuesta teórica a los negadores de la existencia de clases sociales. 
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