lunes, 25 de agosto de 2014

El recorrido hacia el Brasil posible. Reseña de (1964) Evolución social y económica del Brasil, de Nelson Werneck Sodré

WERNECK SODRÉ, NELSON. (1964) Evolución social y económica del Brasil, Eudeba, Buenos Aires, 1965, traducción de Alicia Cabrera.

Es  una certeza de que, tras el declive del liderazgo mundial estadounidense, el emergente bloque de los BRICS y cada uno de sus miembros comenzarán a ser estudiados de forma minuciosa y sistemática. Dentro de panorama semejante, nuestra región se verá honrada por la proliferación de estudios latinoamericanos y brasileños dando cuenta de la potencialidad y creciente relevancia del sur del hemisferio. Este es el motivo que nos lleva a reseñar hoy Evolución social y económica del Brasil, de Nelson Werneck Sodré.
El autor nació en Río de Janeiro, cursó sus estudios en el Colegio Militar y en la Escuela Militar de dicha ciudad. Fue Profesor de Historia Militar en la Escuela del Estado Mayor del Ejército y fundador y director del Departamento de Estudios Históricos de Instituto Superior de Estudios Brasileños (ISEB). Su obra expresa una profunda preocupación por el desarrollo del Brasil y los obstáculos del imperialismo.
Se recorre de este modo en seis etapas las transformaciones de la estructura socio-económica del Brasil, para finalmente abordar las exigencias de la coyuntura nacional.
Un modelo productivo para el Brasil colonial
La implementación de un modelo productivo para el Brasil es descripta en “La colonización”, donde se narra los comienzos de la historia del Brasil con la colonización portuguesa de 1497, cuando la caída del imperio otomano insta a Portugal a enviar a Vasco da Gama para recibir especies de las zonas productoras, conservar el monopolio de su distribución y establecer plantaciones de caña, sin ser ya un revendedor de la azúcar que Venecia importa desde Siria y Chipre. Esta será la época en que, pese al traslado del esquema feudal a territorios americanos, se acentúa progresivamente la especialización del trabajo, surgiendo el capital comercial y se introduce el sistema de plantage, con requisitos de insumos desde el exterior; estos cambios, sin embargo, no alteran el consumo improductivo o la ausencia de transformaciones manufactureras.
Seguidamente (“La expansión”), en la economía colonial surgen los primeros rasgos de las formas capitalistas. Los enfrentamientos con los ocupantes holandeses por la ocupación de suelos deriva en la acción de los bandeirantes paulistas, quienes se arrojan sobre reducciones y misiones jesuíticas para apoderarse de millares de indígenas. Los paulistas, siempre en disponibilidad guerrera, proveerán la fuerza de trabajo  en zonas agrícolas necesitadas contribuyendo a la apropiación de tierras. La producción recorre diversos modelos: el de pastoreo y agricultura, el de repartición de ingenios y corrales y, finalmente, la separación entre actividad agrícola y pastoreo, que termina pro acabar en elsertao. Seguidamente, la apropiación de la tierra se expande extraordinariamente y se generalizan las relaciones feudales. La ocupación de la región amazónica es proyectada dando apoyo a las misiones jesuíticas, finalmente expulsadas por su apoyo al indígena.
El gran cambio en la sociedad colonial se producirá con el surgimiento de la minería, dos siglos más tarde que las explotaciones españolas. El reducido margen de realización individual en la empresa azucarera determina la desvalorización de la tierra; la alta rentabilidad de la explotación aurífera provoca un nuevo impulso del tráfico negrero. La minería proporciona entonces a la colonia desarrollo demográfico, población, ocupación de regiones, creación de redes administrativas  y circulación terrestre.
Estos cambios producen una disociación de intereses entre la clase dominante de la Colonia y su par en la metrópoli, las cuales con intereses antagónicos se disputan los beneficios de la explotación minera y dan lugar a distintas conspiraciones. Si la minería española es contemporánea de la aparición del capital comercial, la colonial lo será del nacimiento del capitalismo, beneficiando a los que dominan la producción. Así, impulsa en el occidente europeo la difusión del trabajo asalariado, contribuye a la acumulación y proporciona una fortuna en dinero que circula con velocidad y da formación a fondos de reserva.
Esta puja de intereses da lugar a una explicación especial (“La independencia”). La crisis del sistema se traduce en una seguidilla de conflictos; así, la Guerra de Emboabas, laGuerra dos mascates, la rebelión de Beckman, la sublevación de Felipe dos Santos o laInconfidencia bahiana son algunos episodios significativos de las diferencias entre la clase dominante colonial y la corte portuguesa. Para entonces, la explotación minera ya ha facilitado la conversión de producción y mano de obra en mercancías, acompañando un espíritu de época acarcet5ruzdo por la expansión industrial inglesa y la promoción ideológica de un comercio y trabajo libres. Mientras tanto, se encuentra en el café el producto agrícola para la inserción en los mercados y el sostenimiento financiero, decreciendo todas las otras exportaciones. Con el agravamiento de las contradicciones, Pernambuco (1817, 1824 y 1848), grao pará (1834-1837), Bahía (1837), Maranhao (1838), San Pablo y Minas Gerais (1842) y Río Grande do Sul (1835-1845) se transforman en escenarios de rebeliones provinciales. Junto con la decisión política a tales fines, el café crea riqueza, impone el dominio de la clase señorial –extendiendo su autoridad en todo el territorio- y se ven integradas al centro las zonas periféricas.
Durante “El Imperio”, Brasil logra que Estados Unidos alcance una posición dominante en el mercado consumidor del café. El régimen de esclavitud comienza su descomposición, que se hace evidente en 1870; así, la esclavitud se convierte en trabajo libre o servidumbre, mutaciones que se trasladan de zona a zona (desde 1850, la ley de Euzebio de Queiroz condenaban la entrada de esclavos).  La transformación del esclavo africano origina en consecuencia una serie de preconceptos injuriosos: indolencia, lujuria, gusto por el ocio y desprecio por el trabajo que dan fundamento a la búsqueda de inmigración blanca, que desde 1870 asciende a un ingreso de 13.000 personas por año. El mercado laboral se completará con los liberados por la Ley de Vientres (1871).
En la clase dominante se agudizan las contradicciones: la ascendiente, ligada a la exportación del café y el cuero, y la decadente, aferrada al trabajo esclavo y la servidumbre para la subsistencia. Mientras la clase media se incorpora a la burocracia estatal, profesiones urbanas y pequeña producción y se perfila para instalarse en el escenario político.
El tránsito de la república oligárquica a la modernización nacional
Pronto Brasil alcanzará poco menos de 15 millones de habitantes (“La república”), asediada por un espiral inflacionista desde la supresión del trabajo esclavo y la caída del precio del principal producto de exportación desde 1896. Para entonces, ya había desaparecido el poder moderador, el carácter vitalicio del Senado, al elección basada en la renta, la nobleza de títulos, de los gobernadores provinciales nombrados y de la centralización, transformaciones políticas todas ellas que señalan una nueva estructura. La situación política se torna más compleja, ya que de conformar a los 200.000 electores del Imperio se traslada ahora a los desafíos de la ampliación de la base electoral con el sufragio universal, del que son excluidos los analfabetos.
 La clase señorial establece aquí una alianza con el imperialismo a través de la política del café y la adquisición de préstamos externos, al tiempo que fija la política dos gobernadores, siendo entregado a cada estado a la libertad de acción de las oligarquías locales, dando constitución aun poder autónomo con fuerzas militares propias. Este modelo, en su precariedad, auspicia el bandidaje y la deflación.
Las exigencias de modernización del Brasil aparecerán con claridad tras la Primera Guerra Mundial. Brasil cuenta entonces con una población de 30 millones de habitantes, y la producción del café ha permitido para entonces la ampliación del mercado interno y un flujo financiero que ha favorecido la ampliación del proceso industrial. En estas condiciones, aparece el fenómeno del tenentismo: oficiales jóvenes irrumpen en la primera mitad de la década del 20´, siendo un fenómeno político característico de la clase media. Pretenden encarnar reivindicaciones modestas: verdad electoral, acatamiento de la voluntad, moralización de la justicia y de la administración. La revolución de 1930 encuentra a una clase dominante escindida, viéndose debilitada la fracción ligada al café, con precios internacionales en descenso de hasta un 70 por ciento.
Con una economía brasileña en crisis de graves proporciones, la reducción de las importaciones es compensada con la oferta interna y la producción industrial aumenta casi un 5º por ciento. La recuperación económica s e explica en la capitalización nacional y el estímulo de las fuerzas productivas. Pese a la prosperidad de la etapa, la heterogeneidad en la composición de fueras del varguismo comenzará a exponer desencuentros de tendencias, siendo derrocado en 1945 por la facción oligárquica pro-imperialista.
Tras el intento de Dutra de retornar al viejo estado de cosas, Vargas vuelve al poder en 1951 formulando políticas estratégicas como la Compañía Siderúrgica Nacional y el monopolio estatal de la explotación petrolífera. Solitario y vacilante, la pérdida de apoyo político y el conocimiento de la conspiración desde el interior de su gobierno, decide el 24 de agosto su suicidio y deja su último mensaje en la Carta Testamento, produciendo una instantánea repulsa popular contra la facción oligárquica.  Getulio Vargas imprime así un momento bisagra en el nacionalismo reformista brasileño.
El último apartado de la obra (“La Revolución”) revisa el problema estructural en el contexto. Las anomalías existentes son tales que la producción destinada a la exportación es excesiva mientras que la que corresponde al mercado interno es deficiente. El problema del latifundio se vincula en consecuencia a una subproducción que deriva en subconsumo, debiendo la probación pagar más caro lo que necesita para su subsistencia.  Mientras tanto, la opción de la clase dominante por la concentración de la tierra es acompañada de inversiones y empréstitos, de concentración de la producción y del capital, provocando deformaciones en la economía y el perjuicio de la renta que fuga al exterior. Es así que se vuelven nítidas las contradicciones entre la nación brasileña y el imperialismo y sus aliados locales. Así, caería por evidente la falacia de que “la grande lavoura subsidia la economía brasileña”; es el propio Brasil el que, obstaculizada la reforma del modelo agrícola, se ve obligado a la financiación del atraso.
 La renovación de la política exterior de Janio Quadros o la vigencia del régimen democrático durante el gobierno de Joao Goulart no tendría otra explicación más que la relación de fuerzas favorable al sector modernizante y mayoritario frente al minoritario pero poderoso sector oligárquico pro imperialista. Es en el desarrollo de esta lucha por la exigencia del poder político que Nelson Werneck Sodré imagina la proximidad de la Revolución Brasileña.

La visión de Werneck Sodré es clara: Brasil no podrá jamás ejecutar una política auténticamente soberana sin una conducción política popularmente legitimada y tenazmente decidida a desafiar los esquemas económico-productivos que constituyen una explicación a la permanente subalternidad del país.
La experiencia, entonces reciente, del varguismo  se destaca no sólo por las esperanzas de transformación generadas y el valioso aporte al empoderamiento del Estado, sino también por las complejidades propias del entrelazamiento de alianzas de todo gobierno populista. No obstante la expansión del mercado, interno, la modernización política –cuestionamiento del orden oligárquico- y tecnológico –implementación de un modelo de sustitución de importaciones, estatización del acero y yacimientos petrolíferos-, el gobierno de Vargas  habría puesto en evidencia las limitaciones del reformismo burgués para dar realización a reformas estructurales.
La obra plantea conflictos en el tránsito al desarrollo que, si bien pertenecen al caso brasileño, pueden extenderse al resto de los países latinoamericanos y goza de gran actualidad: la última década (2005-2015) se ha caracterizado por el incremento de inversiones chinas y rusas en la región, dejando interrogantes sobre el carácter de la respuesta estadounidense tras la pérdida de influencia. Por lo pronto, la presencia de estas potencias posibilita pensar que rumbos finales pueden tener estas relaciones., esto es, si el predominio de la dominación o de nuevas formas de cooperación.  Al respecto, la relación competitividad económica-poderío financiero no resulta favorable a las visiones de desarrollo americanas, signadas por el apetito de consumo y el goce de los derechos individuales.

Una exposición acabada del período descripto por Werneck Sodré probablemente requeriría de explicaciones más complejas y precisas, incompatibles con la brevedad de este ensayo. Pero, por el contrario, es una introducción valiosa a la historia del Brasil bajo el anhelo de una Revolución Brasileña ante la retracción del reformismo populista.

martes, 5 de agosto de 2014

La estructura en la sociedad. Reseña de GODELIER, MAURICE. (1972) Funcionalismo, estructuralismo y marxismo


GODELIER, MAURICE. (1972) Funcionalismo, estructuralismo y marxismo (tit. orig.: Fonctionalisme, structuralisme et marxisme), Cuadernos Anagrama, Barcelona, 1972, traducción de Joaquín Jordá, ISBN 84-339-0702-6.

D
e acuerdo a lo expuesto por el autor en la introducción “El horizonte del problema y los caminos recorridos”, el texto resume los principios de Racionalidad e irracionalidad en la economía (texto de 1966, sobre la base de una investigación realizad en 1958), bajo la pretensión de abrir un campo de investigación que comprometiera a la inspección de los conocimientos acumulados por las ciencias y por las diferentes prácticas teóricas. En este propósito, el autor inicia su hipótesis sosteniendo las limitaciones del marco de análisis de la economía contemporánea, asimilada a producto de las condiciones de un contexto que se hallaría desprovisto de explicaciones convincentes sobre  las relaciones religiosas o de parentesco al interior de las sociedades.
Maurice Godelier egresó de la Escuela Normal Superior de Saint-Cloud con el título de profesor de filosofía y licenciado en psicología y nueva filología.  Se desempeño  como asistente de Claude Lévi-Strauss, entonces profesor de antropología en el Collège de France. En 1975 fue nombrado director de la unidad de investigación de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) en París. De 1982 a 1986 Godelier fue director del departamento de Ciencias Humanas y Sociales del Centre national de la recherche scientifique (CNRS).En los años 60 Godelier trabajó combinando los métodos del estructuralismo con los del materialismo histórico. En su labor científica cuestiona las separación entre infraestructura económica y superestructuras políticas e ideológicas, propuesta por el marxismo clásico y afirmó que en las sociedades primitivas las relaciones de parentesco funcionan como relaciones de producción, relaciones políticas y esquema ideológico. Es considerado como uno de los fundadores de la antropología económica francesa, con investigaciones que se orientan hacia el estudio de la estructura de las sociedades "precapitalistas".
El ensayo surge como una de las conclusiones de Godelier bajo la guía teórica de Levi-Strauss en su interés especial por la antropología económica luego de su experiencia con los baruya, tribu del interior de Nueva Guinea y sin  control eficaz australiano hasta 1960. Desde 1967 a 1969, el autor analiza las variaciones de esta tribu de  horticultores de roza, que hacia 1950 habría dejado los instrumentos de piedra y bambú para sustituirlos por hachas y machetes de acero obtenidos del comercio intertribal, siendo una sustitución de factores de producción  voluntaria. Experiencia fundamental, a partir de ella da inicio a un cuestionamiento de la “racionalidad económica”, considerando necesaria una revolución teórica en las ciencias humanas.
La crítica metodológica al análisis de las estructuras sociales
La obra contenida en el cuaderno (“Acerca de algunos ´efectos críticos´ del cuestionamiento de los sistemas económicos y sociales”) anuncia desde su comienzo una revisión crítica de la dialéctica de Hegel, del empirismo y del estructuralismo.
El análisis de las estructuras, su incompatibilidad y los límites a las transformaciones posibles le conduce a las “reflexión sobre  la dialéctica de Hegel”. Negando la cientificidad al postulado de identidad de los contrarios, afirma el principio de unidad  de los contrarios, al destacar la comprensión que otorga su complementariedad y su conflicto necesario.  Desprovisto de crítica, la dialéctica hegeliana sería  una “máquina-de-demostrarlo-todo” ajena a la ciencia, llevándole a desestimarlas fórmulas de Lenin, Mao Tse Tung, Lucien Seve y Louis Althusser.
La segunda observación crítica se dirige al empirismo abstracto en la contradicción de que, si se afirma que el hombre es el punto de partido de la actividad científica, bien pronto el peso de la teoría los absorbe y determina (ejemplo del modelo walrasiano de la economía pura), siendo apenas “una de las tantas encarnaciones de un  fetiche teórico, el homo economicus”. De aquí que la polémica entre formalistas y sustantivistas sólo cobre valor estando de acuerdo en definiciones esenciales de la economía política no-marxista.
En otro extremo, el empirismo funcionalista partiendo de sus relaciones, considera los roles y los estatutos que los individuos ocupan en un sistema social que tiende hacia un estado de equilibrio. En este enfoque, el conocimiento de la historia no tendría ninguna importancia para conocer las estructuras sociales, siendo reducida a una mera sucesión  de acontecimientos accidentales.
Los aportes de Marx y Levi Strauss al estudio de las relaciones sociales
Godelier encuentra importantes bases de análisis en los desarrollos de Marx y Levi Strauss, a quienes destaca haber definido a las relaciones sociales como objeto de estudio.  De hecho, es el propio Levi-Strauss quién afirma su intención de “contribuir a esta teoría de las superestructuras apenas esbozada por Marx” (La Pensée sauvage). Es así que si Levi-Strauss analiza los mecanismos de construcción de las representaciones míticas de lo real, Marx pide a la ciencia de que no se limite a descubrir los mecanismos del pensamiento mítico sino a los mecanismos que, fuera del pensamiento, imponen a éste las representaciones ilusorias que se formulan de lo real, tanto su contenido como su necesidad histórica.
Marx habría evitado hacer de las relaciones sociales su ciencia, advirtiendo que la explicación a las mismas debe darse a través del fundamento y razones de ser de las funciones, forma y condiciones de existencia. Extrae observaciones del Grundrisse y de El Capital,  en las cuales las mercancías no serían “objetos evidentes y triviales”, sino resultantes de una realidad compleja y oscura así como de una fetichización de las relaciones sociales (tale l caso de la invisibilización de la relación entre capital trabajo a través del salario. El papel de Marx, en tanto cientista social, es exhortar a la desmitificación,  no en descubrir los “mecanismos de pensamiento mítico, sino a los mecanismos que, fuera del pensamiento, imponen a  este las representaciones ilusorias que se formulan de lo real, siendo cuestionado el alcance de análisis estructural de los mitos y de cualquier ideología”. Por ello, el autor asume que “el marxismo es fundamentalmente una teoría de la sociedad que indaga sobre la articulación y causalidad de los niveles internos de la sociedad”.
Tras su experiencia de campo con los baruya, Godelier halló
debilidades en las hipótesis sobre las teorías de la
racionalidad económica. 
Retomando los trabajos de Levi-Strauss, cuestiona las interpretaciones idealista sy formalistas del estructuralismo que omitía la relevancia dada por el propio Levi-Strauss a las relaciones sociales, que podrían de manifiesto a la propia estructura social (punto de cuestionamiento sobre la “visibilidad de las relaciones sociales” de Radcliffe Brown). Del mismo modo, la crítica hacia el formalismo, que mantiene intacta la representación empirista de lo real como flujo multiforme y no estructurado, señala los límites y el fracaso del funcionalismo dados los axiomas de un empirismo reductor y abstracto. Es a través de los estudios de parentesco (Structures élementaires de la parenté) que se retoma la construcción de los sistema (de parentesco) a través de la prohibición (del incesto, siendo estructuras elementales que jamás pueden tener condición de aislables, independientes entre sí inalterables. De este modo, Levi Strauss pondría en evidencia un dato fundamental de la realidad social y mental, que aparece como “hecho-principio” meta-histórica.
No obstante, la completitud de los estudios de Levi-Strauss al dar minuciosidad a los elementos de la realidad ecológica, económica y social, Godelier señala la falta de una teoría de los fundamentos de la fetichización de las relaciones sociales y de la necesidad de esta fetichización. 
El problema de la “racionalidad de los sistemas económicos” resulta de las distintas teorías como las formas y objetivos de los grupos sociales que representan los diferentes sistemas económicos y sociales enfrentados en el marco de la historia.

La apuesta de Godelier por encauzar una metodología de estudio de las ciencias humanas se destaca por su complejidad y probable ambigüedad en sus resultados. Ello no obsta a reconocer la magnanimidad de una apuesta a una revolución teórica en las ciencias humanas, debiendo ser reconstruidas sobre los fundamentos de un marxismo radicalmente depurado de todo materialismo vulgar y de todo dogmatismo, sometiendo a crítica a aproximaciones y métodos dominantes. 


viernes, 1 de agosto de 2014

El hombre es el lobo (económico) del hombre. Reseña de "Un mundo maravilloso" (2009), de Pablo Rieznik (comp.)

Rieznik, Pablo (editor).  (2009) Un mundo maravilloso. Capitalismo y socialismo en la escena contemporánea, Editorial Biblos, Buenos Aires, 2009.

¿Estamos tan bien como creemos? ¿hemos alcanzado las condiciones de vida para liberar inevitable y sistemáticamente a la Humanidad de las cadenas de la opresión que el capital financiero provee? ¿Es la continuación del capitalismo una fatalidad inevitable? ¿se pueden revisar las experiencia socialista soviética para evitar la marginalidad de proyectos marxistas aglutinadores y convocantes? Estas y otras inquietudes dan  paso a esta obra colectiva de cientistas sociales marxistas en que se desarrolla la temática "capitalismo y socialismo en la escena contemporánea", abordada en las materias de Historia y Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

En el primer bloque, La economía, el capital y su contenido histórico, los autores se internan en una serie de debates sobre relaciones sociales de producción, renta y movimientos del capital y su derivación en formaciones sociales específicas.

En “Cuando y por qué Lenin escribió el estado y al Revolución”, Lucas Poy indaga sobre los debates en torno al rol del estado en la construcción del socialismo y explora las adhesión inicial al proceso de fortalecimiento electoral del socialismo propuesto por Karl Kautsky y el rechazo a la idea de Anton Pannekoek destruir el Estado para formar una nueva organización, hasta asumir valoraciones inversas en el transcurrir de su carrera revolucionaria.

“La revolución y el Estado. Algunas notas sobre lo que Lenin escribió y sobre lo que no pudio escribir”, de Pablo Rieznik y Lucas Poy, es una indagación en torno a la visualización de Lenin sobre la conformación del Estado revolucionario y el material humano que lo debería componer, siendo un severo crítico de las dificultades por la conservación de la burocracia y principios no socialistas que ameritarán la socialización del conocimiento administrativo y productivo. Se describen las acciones para la transformación de la economía feudal rusa, desde el comunismo de guerra hasta la industrialización forzosa de Bujarin y Stalin.

En “Como venció Stalin a la oposición” es un análisis de León Trotsky sobre los cambios producidos en la Unión Soviética tras la muerte de Lenin y el impredecible ascenso de Stalin, explicando los motivos del ascenso de una nueva camada burocrática, el desplazamiento y hostigamiento del grupo revolucionario bolchevique y las perspectivas de una oposición que socave el poder estalinista y reconduzca la república soviética hacia los ideales leninistas.

En “Sistema económico y modo de producción: una aproximación metodológica”, de Pablo Rieznik, revisa el concepto de análisis económico de Maurice Godelier cuestionando su dimensión ahistórica y sin especificidades. Rieznik reafirma el origen y la potencialidad de la interpretación marxista de la economía para descubrir sus límites  y su funcionamiento como sistema que perpetua la vigencia de las relaciones de producciones, afirmando la perseverancia en una teoría de la transformación social revolucionaria.

En “Las relaciones capitalistas y la ley del movimiento de la sociedad moderna”, Pablo Heller y Laura Caruso reflexionan sobre las teorías que afirman la perpetua existencia del capital y la omisión formulada sobre el permanente movimiento destructivo del capital manifestado en procesos confiscatorios amenazantes de la destrucción de la propiedad privada a través de la centralización del capital.

En “La transición del feudalismo al capitalismo. Reseña e historia del debate Dobb-Sweezy” Daniel Duarte recurre una polémica intelectual sobre las causas y origen del capitalismo, concluyendo en que por encima de la atribución de los factores internos en Dobb o externos en Sweezy, la cuestión central de los escritos es deconstruir los elementos que posibilitan el desenvolvimiento, expansión y consolidación de un nuevo orden social ante el brusco cierre de Moscú a todo auxilio revolucionario tras la Segunda Guerra Mundial, que posibilitó el alejamiento de la práctica con la teoría revolucionaria y la incomprensión de la profundidad contrarrevolucionaria del stalinismo.

El problema en torno a las dificultades originadas en la práctica a partir del desarrollo de la teoría es el tema de “Las primeras etapas de la economía soviética”, de Pablo Rabey. Allí se analiza y describen las ideas y obstáculos encontrados en la conformación del período de “comunismo de guerra”, la Nueva Política Económica y el acuerdo de una política de industrialización con alto costo humana inspirada por Bujarín y Stalin. El quiebre del modelo soviético, que propició el lugar de segunda potencia industrial del mundo a la Unión Soviética, se habría dado en la “gestión burocrática de la economía” y la “opresión sobre el pueblo”  con consecuencias sobre la calidad de la producción.

En “Apuntes sobre la teoría leninista del imperialismo”, Juan M. García revisa los elementos centrales de los aportes del revolucionario ruso respecto del avance permanente del capital sobre su competencia, en una serie de movimientos de destrucción y absorción que configurarían una fase monopólica del capitalismo, advirtiendo de la oligopolización de sectores del mercado, previendo la aparición de guerras imperialistas y al necesidad de pensar la revolución social y la dictadura del proletariado como instrumentos de superación de la fase política.

“El espejo del siglo. La Revolución Rusa en al historiografía del siglo XX” es una análisis de los aporte de los revolucionarios no bolcheviques (kadetes, mencheviques y eseristas), los cronistas extranjeros de los acontecimientos, las revistas Ispart y Proletarskaya Revolyutsia, al influencia de un viraje de las publicaciones soviéticas a través de la presión estalinista y la instalación de los Kraktik Kurs, el surgimiento de la sovietología en Occidente hasta el presente de las ciencias sociales bajo el paradigma de la posmodernidad, instando a encontrar en la búsqueda de preguntas y respuestas en quebrar la neutralidad de la visión histórica sobre una revolución que no admitiría miradas apolíticas.

En “Genocidio y trabajo en la URSS stalinista”, Pablo Rieznik aborda la cuantificaicón de los millones de muertos durante el período menos feliz de la historia del comunismo. La política persecutoria del régimen y sus fines institucionales delinearon una instalación de terror que se expresó en confinamientos, destinos de trabajo forzoso, población destinada al combate en la Segunda Guerra Mundial, factores de malestar que habría incidido en la revisión del stalinismo durante el período siguiente.

En “Rusia: La transición al capitalismo en crisis”, Savas Michael Matsas periodiza el viraje capitalista de Rusia en 1991-1993, en el que la apertura combinaría hambre, pobreza, desigualdad y el auge del lucro especulativo; en 1991-1998, período en que se habría establecido la conformación de los “oligarcas”, el funcionariado soviético que en forma corrupta y fraudulenta se apropió de los bienes públicos del pueblo ruso, hasta el ascenso de Putin, emblema de la recuperación de la burocracia soviética del poder ruso con perspectivas de inestabilidad política ante la progresividad de una situación de recesión económica.

En “What a wonderful world”, Pablo Rieznik, inspirado en la apología del modelo de crecimiento económico que realizara la revista The Economist, introduce un texto singularmente breve y profundo en que desmiente la idea de un progreso inédito de la humanidad narrando la brutalidad del capital financiero en el mundo contemporáneo y la mercantilización de la vida expresada en el trabajo esclavo, la esclavitud sexual, la venta de drogas y el tráfico de armas.

En “Tasa de ganancia y descomposición capitalista”, Pablo Heller considera al capitalismo actual inmerso en un período de declinación, dialogando con la “teoría de las ondas largas” de Ernst Mandel. Este tema es luego retomado en “Crisis mundial, nacionalismo y los límites de la economía de izquierda”, en que Pablo Rieznik profundiza el debate sobre la posibilidades de eclosión del capitalismo y cuestiona a Katz por sostener la vitalidad del capitalismo y su capacidad de sostenerse y autogenerarse, afirmando que la paulatina intervención del Estado en la economía revelaría una crisis del sistema.

La discusiones y la competencia sobre la mejor forma de organización de la especie humana atravesaron todo el siglo XX. El altísimo costo de vidas humanas producto de la manipulación de las ideologías arroja en el presente siglo una pasividad evidente ante episodios de violencia brutal e ilegítima. El socialismo, en tanto idea de superación del hombre por el hombre y para el hombre merece repensarse para encontrar las posibilidades de reafirmación ética y política. Sólo por este propósito, la compilación de Rieznik es un muy buen aporte para pensar un mundo maravilloso, hecho realidad.


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